domingo, 6 de noviembre de 2016

¿DÓNDE ESTA MUERTE TU VICTORIA?

Felipe Medina


"La resurrección de Jesús es la verdad culminante de la fe cristiana, predicada como una parte esencial del Misterio pascual desde los orígenes del cristianismo: «Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce» (1 Co15,3-5)".(ARC, 2)

Terminamos Octubre  y comenzamos hoy el penúltimo mes del año, bien mezclados en las paradojas de nuestra existencia, entre santos,  duendes, monstruos, fantasmas, muertos y la fiesta de todos los santos, con enfrentamientos "religiosos" entre los santos católicos y los  brujos y aprendices que festejan Halloween. Llegamos a noviembre suspirando poder pagar todas las deudas antes de fin de año, hacer una mejora a nuestra calidad de vida, o por lo menos no caernos de nuestro lugar social.
Y hablando de muertos, en los últimos días un documento del Vaticano levantó nuevas polvaredas a la aquietada relación entre el Papa Francisco y los Argentinos: "Ad resurgendum cum Christo", para resucitar con Cristo, fechado el 15 de agosto y firmado por el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y aprobado por Francisco en marzo de éste año. En él se recuerda a los cristianos católicos la doctrina de la resurrección de los muertos, se recuerda además, que la cremación está tolerada en la iglesia católica romana desde 1963 y que tomó  cuerpo definitivamente,  en la reforma del Código de Derecho Canónico, en 1982; y que no es la tradición original de la fe católica. El documento aclara que no pueden esparcir las cenizas de los difuntos al viento, ni arrojar al rio o al mar, ni menos conservarlas en las casas. Son los restos de nuestros difuntos que aguardan la resurrección de los muertos  y si bien, como dice, la teología, resucitaremos en un cuerpo nuevo, glorificado, los mismos deben ser depositados en un lugar sagrado. Los cementerios, antes de la ley de registro civil y cementerios públicos o municipales, a fines del siglo XIX estaban en las iglesias y se llamaban "campo santo".
Con la reforma del Código de Derecho Canónico muchas parroquias construyeron cinerarios o lugares sagrados para depositar las cenizas. Este documento lo publicó la Iglesia para todo el mundo, no sólo para la Argentina y tiene como finalidad principal recordar la doctrina cristiana sobre la muerte y la resurrección, la vida plena en la eternidad, y no tentarse por las corrientes de desprecio a la doctrina o repudio a la fe, ni las modernas corrientes como la New Age, que relativiza las verdades de la fe y genera confusión hablando de comunión cósmica, reencarnación y algunas concepciones panteístas.
Se trata de abrirse al mundo, para los católicos y cristianos, desde la f e, y no claudicando a su credo.
El 1 de noviembre, la iglesia celebra la fiesta de todos los santos, el misterio de la comunión en el Cuerpo Místico de Cristo, los santos de los altares y los cristianos, los no bautizados, las personas de buena voluntad,  que vivieron y murieron amando al prójimo, haciendo de su vida un verdadero servicio a la humanidad y a la creación.
El 2 de noviembre recuerda a los difuntos. En general, todas las religiones tienen en mayor o menor medida el culto a los muertos. Y lo paradójico es que hoy queremos ocultar la muerte, buscamos formas de olvidarla, no queremos hablarles a los hijos de ella, ni siquiera sabemos hacerlo. Unos le tienen miedo, otros bronca, otros la silencian. La muerte existe, vamos hacia ella, llega.
De niños nos llevaban al cementerio a rezar por los abuelos, los tíos o hermanitos fallecidos. No me generó ningún trauma. Pude ver como natural un proceso que es parte de la vida humana. Teniendo claro ese destino, y sabiendo, desde la fe, que no es un destino definitivo, sino un paso, podemos proyectar una  vida intensa y positiva. Cada uno a su manera. Sin miedos y sin broncas, con esperanza. Frente a un mundo en guerra, a juegos infantiles bélicos de la generación Ciber, frente a la difusión de series televisivas y juegos de monstruos y vampiros, hablemos de la muerte con más claridad, con más naturalidad, sin tanta fantasía, con esperanza cristiana, y dediquémonos a gastar la vida al servicio de los demás, donde quiera que estemos, en la función que desempeñamos.

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