martes, 29 de septiembre de 2015

Pioneros salteños del petróleo




Ricardo N. Alonso
Doctor en Ciencias Geológicas (UNSa-CONICET)






Es un hecho demostrado que la verdadera historia del petróleo de nuestro país nació en el norte argentino en las décadas de 1860 y 1870 y no con el hallazgo fortuito de Comodoro Rivadavia en 1907. 
En 1865 hubo dos intentos para iniciar la explotación comercial de chapapote o kerosene de manaderos naturales, especialmente de Laguna de la Brea en Jujuy. Estos fueron encarados de manera independiente por Leonardo Villa, que nunca consiguió los respectivos permisos, pero dejó una profunda huella legislativa; y también por la Compañía Jujeña de Kerosene S.A., formada por accionistas jujeños, que tampoco llegó a feliz puerto. 
Un nuevo intento vendría de la mano de Teodosio López, un salteño nacido hacia 1846 e íntimamente vinculado a Jujuy. Teodosio López era un autodidacta que estaba muy relacionado con el polifacético estudioso salteño Juan Martín Leguizamón. Al parecer era hábil en la fabricación de alambiques y otros instrumentos rudimentarios que le permitieron ensayar petróleo de manaderos naturales y convertirlos en kerosene de buena calidad. 
Habría comenzado con estos experimentos en 1868 y en 1871 le habría pedido al entonces rector del Colegio Nacional de Salta, presbítero doctor Juan  Francisco Castro y Castellanos (1884-1881) que remitiera una muestra a la Exposición Nacional de Córdoba que organizó Sarmiento. Según aseveraba el propio López, dicha muestra fue premiada con 10 pesos fuertes. 
A este entusiasta empresario le debemos varias cosas. La primera es haber fundado en Salta, con capitales salteños y vecinos notables de la provincia, la “Sociedad Anónima de Kerosene”, una de las más antiguas empresas petroleras del país. Entre los que suscribieron acciones, además del propio Teodosio López, se encontraban renombrados salteños (y jujeños) como Juan Martín Leguizamón, Francisco Ortiz, Eliseo F. Outes, Adeodato Torena, Teófilo Sánchez de Bustamante, Pedro de Tezanos Pinto, Ciriaco del Prado, Klix y Salas, Napoleón Segundo Güemes, Belisario López, Higinio Raña, Juan F. Castro, David Zambrano, Eugenio Caballero, Jacoba S. de Matorras, Francisco Mendióroz, Angel Quiroz, Sídney Tamayo, Martín Gómez, Segundo Linares, Miguel Fleming, Llovet hermanos, Pablo Zubieta, Celestina L. de Brachieri, Manuel López, José A. Chavarría, José M. Ovejero, Miguel S. Ortiz, D.N. Flores, Pedro J. López, Olegaria E. de López, Luis J. López y Pedro Ávila. En esta lista pueden reconocerse figuras destacadas de la Salta del siglo XIX entre ellos gobernadores, políticos, empresarios, profesionales y buenos vecinos. Todos ellos han dejado grabados sus nombres como pioneros en la industria del petróleo salteño. 
La sociedad fue fundada en Salta, en 1874, con un capital inicial de 10.000 pesos moneda boliviana de 400 gramos. Teodosio López fue designado director de fábrica. Su misión era explotar el petróleo de Laguna de la Brea en Jujuy, procesarlo y una vez obtenido el kerosene derivarlo para su consumo a Jujuy, Salta y Buenos Aires. El propio gobernador de Salta, Juan Pablo Saravia, se dirigió al presidente Domingo F. Sarmiento para hacerle llegar los estatutos de la compañía y solicitar ayuda. Dicha ayuda fue negada por el entonces ministro del Interior, Uladislao Frías. Ayuda solicitada además teniendo en cuenta que cuando se realizaba un embarque de kerosene a Buenos Aires, la empresa de ferrocarriles subía el precio del flete. Esto fue señalado por el geólogo Rodolfo Zuber, quién sostenía que los ferrocarriles parecían empeñarse en representar “más bien un obstáculo, que una ayuda al comercio y la industria”. 
Luchando contra viento, marea y molinos de viento, el pobre López siguió tesoneramente con su esfuerzo sin poder importar lo que necesitaba y dándose maña con rústicos aparatos que él mismo improvisaba. Lo cierto es que comenzó su producción industrial de kerosene y en 1876 se instalaron faroles a este fin que reemplazaban a los que utilizaban aceite de yegua. La actual plaza 9 de Julio fue acondicionada con esos faroles y se logró una iluminación de más y mejor calidad. También se utilizó para iluminar las instalaciones del Club 20 de Febrero. En este aspecto es interesante el comentario realizado por Marcos Figueroa, secretario de la Comisión de Agricultura de Salta, quien en 1878 señalaba: “El kerosene alambicado lo he visto arder en los salones del Club sin notificar diferencia ninguna del extranjero, razón por la que creo que esa laguna (La Brea) es una mina muy importante, faltando solo una empresa con dinero que la explote, adquiriendo con facilidad una fortuna”. 
En orden a certificar la calidad del producto, López le hizo llegar muestras al más afamado químico de la época, el sabio escocés Juan José Jolly Kyle (1838-1922), quién las analizó. Kyle dejó constancia de ello en un artículo que publicó en 1879 en la Sociedad Científica Argentina. El geólogo alemán Ludwig Brackebusch llegó de reconocimiento a Laguna de la Brea el 1 de octubre de 1881 y encontró todo abandonado. Comenta que fue allí “donde hace años se estableció una empresa para beneficiar el petróleo, pero los trabajos efectuados, muestran al primer golpe de vista que se habían practicado sin el menor conocimiento del asunto, pues se habían limitado a practicar simplemente pequeñas represas para recoger la materia ya alterada que llega por sus canales naturales a la superficie”. Y remata diciendo “De perforaciones, etcétera, único medio para llegar al depósito mismo, nada se había practicado y no es extraño que los trabajos tan primitivos no hayan dado un resultado satisfactorio”. 
Téngase presente que López era un idóneo y que tuvo que enfrentar la adversidad en todas sus facetas. Esto se ve reflejado en un texto que dejó escrito al enviar una muestra a la Exposición Internacional de París de 1878 y donde reconoce la paralización de los trabajos por la falta de recursos. Deja algunas observaciones valiosas como la que señala que las vertientes que brotan en la zona de La Brea “presentan en sus bocas asfalto seco. Cavando a la profundidad de dos metros comienza a brotar el petróleo en abundancia y más fluido que la muestra que se remite, aumentando la fluidez en proporción a la profundidad, de manera, que el rendimiento del kerosene preparado de este petróleo varía según la profundidad de donde se extrae”. Luego señala que de los numerosos ensayos realizados con el crudo obtuvo un promedio de 40% de kerosene; que él mismo los destiló en una pequeña fábrica y que con ello proveyó al alumbrado de las ciudades de Salta y Jujuy. Y concluye diciendo “…coloqué en dichas plazas el kerosene fabricado por mí casi al mismo precio del de Norteamérica y tuve el gusto de verlo rivalizar con el importado”. 
A Teodosio López le debemos la primera empresa petrolera salteña que realizó el trabajo de explotación y beneficio del crudo, así como la primera iluminación a faroles de kerosene del centro de la ciudad. Luego vendrían otros intentos fallidos, como los de la compañía Altgelt y Méndez, hasta alcanzarse los primeros éxitos de la mano de Francisco Tobar, en la zona de Vespucio, ya en la primera década del siglo XX.

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