lunes, 2 de marzo de 2015

DESIGUALDADES Y DESTINO DE PAÍS

Lic. Félix González Bonorino

El Cronista del NOA - Abril 2013


En un reciente artículo en el Diario El Tribuno, el Dr. Julio Moreno nos esclarece sobre las desigualdades en las sociedades, en particular en la República Argentina y como la distribución de la riqueza ha evolucionado a lo largo del tiempo.
La tiranía de los espacios periodísticos seguramente lo ha obligado a dejar afuera algunos elementos que ayudan a entender mejor el cuadro de situación de esta desigualdad.
En primer lugar nos explica que tres actores confluyen en la “construcción” de este cuadro de situación: Estado, empresas privadas y los hogares.
Para los liberales, recordaremos a Martínez de Hoz, Margaret Tatcher o a Cavallo (se’ igual), la presencia del estado debe reducirse a lo mínimo posible, dejando a la mano invisible del mercado el ajustar, equilibrar, las “cosas”.
Para los marxistas, el mercado es el argumento de la explotación de clases, por lo tanto hay que eliminar el mercado a través de un estado todo poderoso. Eliminada la posesión privada, colectivizando los medios de producción, llegaríamos a la igualdad entre los hombres (si mujeres también).
Habiendo fracasado el marxismo en todo el mundo parece que no hay más lugar para ese pensamiento, sin embargo no hay que ir tan rápido. Pensar la realidad en términos de blancos y negros es un mal comienzo, dadas las hermosas tonalidades que nos regala la naturaleza.
La verdad es que no hay manera que el pobre defienda sus intereses frente al poder del rico. (Solo a través de la toma de conciencia de su condición de clase proletaria explotada etc. decía C. Marx)
El mercado, sin regulación estatal, maximiza las utilidades del capital, su concentración y hace lo mismo con las desigualdades. El mercado opera como el medio ambiente ideal del capital, no del equilibrio social. En el mercado pujan los precios, no los valores. Pero bueno, hace rato que los valores emigraron de la sociedad también, dejando el espacio a los precios. Una empresa comprará a otra y en el camino quedarán los trabajadores. Es así.
Entonces el estado tiene un rol central que jugar en una sociedad donde se pretende mucho más que reducir la fricción entre clases sociales, sino construir una unidad de destino con el conjunto de la comunidad. Pero no nos adelantemos.
El estado opera como un redistribuidor de los ingresos. Los instrumentos que el estado dispone para efectuar esta transferencia son los impuestos, las subvenciones y las regulaciones. Partiendo de la realidad de que las actividades económicas tienen una retribución diferente que determina la ubicación vertical en los palos del gallinero de la socio/economía, el estado toma parte de los ingresos del palo superior y se los da a las gallinas de planta baja.
Ahora bien, resulta que en el estudio que menciona el Dr. Julio Moreno, los investigadores Gaggero y Rossignolo profundizan en el posible funcionamiento “corrector” de estos instrumentos. Extrayendo algunas conclusiones interesantes.



En las ciencias sociales se utiliza el coeficiente Gini para medir la desigualdad en una población o mejor aún una sociedad o un país. Si el índice es 0 (cero) entonces la riqueza se distribuye entre todos de manera igual, si el índice es 1, entonces hay un piola que se quedo con la riqueza de todos. De ahí surge que cuanto más bajo sea el índice, se supone que más equitativa es la sociedad en cuestión.
Estos estudiosos consideraron cambiar la forma en que se usan los impuestos en la Argentina, aumentando ligeramente algunos impuestos a los que más tienen, o sacándole impuestos a los que menos tienen y así. Lo interesante es que con pequeños cambios, por ejemplo aumentando la base mínima de ganancias y aumentando ligeramente la tasa de los segmentos que más ganan o en el caso de las subvenciones al consumo eléctrico o de gas donde a los niveles más acomodados se les reducía o eliminaba la misma, se lograba disminuir el índice, es decir que aumentaba la equidad en la sociedad.
Al combinar este conjunto de herramientas, las modificaciones se hacían cada vez más importantes. El estado, a través de las políticas de gobierno, puede y debe (un deber ser moral) llevar a la sociedad hacia posiciones más justas y equitativas. No porque la igualdad en el sentido marxista sea el ideal buscado, sino por que la desigualdad capitalista es invivible. Ni blanco ni negro.
La evolución de las desigualdades en las naciones es coincidente con períodos de expansión o crisis económicas. Pero tanto en una como en otra situación, los Gobiernos han tenido que implementar correctores que limiten la acumulación del dinero en pocas manos. La educación en pocas aulas, la salud en pocos hospitales y la seguridad en pocos barrios.
Pero claro, los estados están sometidos a los vientos de los gobiernos, y cuando estos no quieren asumir los costos de ser atacados por los poderosos, quienes hacen que el índice de Gini se acerque a 1, tendremos que ser tontos y consolarnos sabiendo que siempre hay países donde las desigualdades son peores. En términos generales podemos afirmar que el índice de Gini se reduce cuando el destino de país se asocia con una visión de Nación y se agranda cuando el destino de país se asocia a la visión de un grupo de poder.
Las líneas directrices están marcadas, pero no son solo de Indicadores, al final el índice es solo un instrumento de medición, como una balanza, pero una balanza que nos ayuda a entender quienes mandan y hacia dónde vamos.


fgbonorino@gmail.com

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