martes, 1 de noviembre de 2016

Singularidad geológica del río Bermejo

Ricardo Alonso





El río Bermejo es el gran colector de una de las cuencas fluviales más importantes de Argentina.
Este río une Bolivia y Argentina con Paraguay y es el resultado de una larga evolución geológica que se inicia hace muchos millones de años.
Antes de elevarse la Puna existían viejos ríos, de ribera estable y boscosa, que drenaban hacia el Atlántico y nacían en territorio chileno.
Todo lo que hoy es el borde oriental de la Puna y que se encuentra a casi 4000 m de altura sobre el nivel del mar, estaba cubierto, 40 millones de años atrás, por selvas cálidas y húmedas, tropicales a subtropicales. Suelos rojos, como los que hoy se encuentran en Misiones, estaban allí presentes y en las arenas de los ríos quedaban los restos de mamíferos y reptiles de la época.
En los alrededores de Antofagasta de la Sierra, en las rocas rojas del oeste del salar de Pastos Grandes y en la zona de Casa Grande en la Puna jujeña se han encontrado restos de cocodrilos, tortugas, boas, marsupiales y otros mamíferos diversos que hablan de un ambiente completamente distinto al actual.
La historia cambiaría drásticamente cuando el arco volcánico comenzó a funcionar, a calentar la corteza, a producir acortamientos corticales y a levantar el borde oriental de la Puna que llevó a una aridización progresiva. Las fajas húmedas empezaron a moverse hacia oriente y los nuevos cordones montañosos a frenar los vientos húmedos provenientes del Atlántico y de la gran cuenca amazónica.
La tectónica andina fue empujando los ríos hacia oriente y estos buscaron excavar hacia atrás, por erosión retrocedente, cortando las sierras como un tajo.
Es interesante ver cómo dos de los colectores mayores de la cuenca del Plata y provenientes de Salta como son el Bermejo y el Juramento tratan de alcanzar la Puna y capturar sus aguas. El Bermejo no lo logra porque la Puna septentrional se sigue levantando y su pared oriental actúa de freno.
El Juramento tampoco lo logra porque encuentra una muralla de rocas graníticas y metamórficas duras, la cordillera de Acay, Palermo y Cachi, que no lo deja avanzar.
La selva en la Puna
Si se toma en cuenta la actual Quebrada de Humahuaca, a lo largo de la cual corre el río Grande de Jujuy, afluente del Bermejo a través del río San Francisco, encontramos otra historia interesante.
Originalmente, ese río fluía hacia el este desde el borde de la Puna y no tenía obstáculos que lo frenaran. Era un río transversal al eje andino, con drenaje axial. Los sedimentos que se conservan en Uquía, a orillas de la ruta, contienen fósiles de unos 2 a 3 millones de años entre los que se encuentran restos de cocodrilos y de capibaras, o sea los carpinchos actuales. Ello prueba que el clima del lugar y el ambiente, con importantes cuerpos de agua y vegetación, nada tiene que ver con lo que se observa actualmente.
Al levantarse las sierras al este de Humahuaca produjeron el cambio de rumbo del río que ahora se dirige hacia el sur antes de torcer al este luego de pasar la ciudad de San Salvador de Jujuy. O sea que a lo largo de la historia geológica andina, con la elevación de la Puna y las fajas plegadas de la Cordillera Oriental y las Sierras Subandinas, hubo una sucesión de "proto-Bermejos" que ocuparon distintos espacios geográficos.
Las capturas de ríos por erosión retrocedente fue también una constante en el tiempo. Con cada captura cambiaba el nivel de base regional y eso generaba más erosión de las cabeceras hasta que la madurez del relieve lograba una mínima estabilización.
Muchas de estas capturas fueron naturales y ocurrieron en tiempos geológicos. Otras fueron producto de la intervención humana. Es importante destacar que el actual Bermejo, con sus cuencas alta, media y baja, atraviesa tres provincias geológicas; desde el borde de la Puna, cruzando la Cordillera Oriental, las Sierras Subandinas y luego se interna en la llanura chaqueña, donde divaga en un amplio interfluvio hasta finalmente confluir en un solo brazo y desembocar en el río Paraguay, afluente del Paraná.
La exposición de rocas jóvenes y blandas, de colores castaños y rojizos en su alta cuenca, hace que el río se nutra de gran cantidad de sedimentos que son arrastrados con destino final hacia el Paraná y finalmente hacia el delta del Río de la Plata.
El color rojo de los sedimentos que atraviesa es lo que da el nombre de Bermejo, palabra que derivaría de verme en el sentido del "gusanillo" que da el color grana.
LA HISTORIA DE LA TIERRA
El Bermejo es uno de los ríos que forman parte de la "lucha" entre los agentes endógenos que construyen el relieve y los agentes exógenos que buscan destruirlo. Así, mientras los Andes se levantan y construyen por las fuerzas dinámicas endógenas o internas de la tectónica, por otro lado el clima y los agentes meteóricos se encargan de meteorizar, erosionar y finalmente transportar los residuos hacia la gran llanura del Chaco. Es así uno de los compensadores isostáticos entre los Andes que se elevan al oeste y la llanura que se hunde hacia el este. Los tres grandes colectores, Pilcomayo, Bermejo y Juramento, forman parte de esa transferencia de masa y construyen cada uno por su cuenta mega-abanicos fluviales de cientos de kilómetros de extensión. El mega-abanico del Bermejo cubre una superficie de unos 100 mil kilómetros cuadrados. El Bermejo, que tiene una longitud aproximada de 1.500 km, tiene en sus cabeceras montañas que se elevan por encima de los 5000 m y en su desembocadura, en el río Paraguay, es de sólo 60 m sobre el nivel del mar. En este recorrido corta la carne viva de algunas serranías, dejando expuestos grandes espesores de rocas, pliegues, fallas, manantiales naturales de hidrocarburos y filones minerales.
Lo más destacable es que el Bermejo corta la secuencia geológica más completa de América del Sur, que abarca desde el Precámbrico hasta el Antropoceno, y donde están representados perfiles completos de rocas paleozoicas, mesozoicas y cenozoicas. Ello constituye una singularidad de esta vía fluvial.
LOS NAVEGANTES
Otro punto de interés es que hasta mediados del siglo XIX el Río Bermejo era perfectamente navegable. Los grandes pioneros fueron el fraile franciscano Francisco Morillo en 1781 y Adrián F. Cornejo en 1790.

Otro gran navegante fue el geólogo francés Pablo Soria, junto al piloto italiano Nicolás Descalzi. Soria fue el primer descubridor de petróleo salteño en 1826 y además publicó un importante estudio sobre la geología del Bermejo en el Boletín Geológico de Francia. El genovés Giuseppe Lavarello navegó el Bermejo en 1854 y su idea era transportar hacia Buenos Aires los ricos minerales de plomo y plata que explotaba en los cerros de La Caldera (Salta) y en Iruya. Francisco Tobar, el padre del petróleo salteño, también intentó usar la navegabilidad del Bermejo hacia 1910, para transportar a Buenos Aires los primeros barriles de petróleo que se produjeron en la mina República Argentina, en la quebrada de Galarza. El transporte de mercaderías desde el norte argentino a través de una vía fluvial sigue siendo una gran asignatura pendiente. El abordaje de la problemática del Bermejo debe hacerse desde un enfoque multidisciplinario y no puede desconocerse la historia geológica de la cuenca donde el Bermejo que hoy vemos es el resultado de otros múltiples bermejos anteriores y de los múltiples bermejos que vendrán en tiempos futuros: humanos y geológicos.


Pido disculpas a Ricardo por meterme en esta sección que es propia del artículo, pero por estas razones de la informática, esta plantilla no me permite a mi, administrador, meter un comentario, por lo tanto lo hago en esta sección. (en pequeñas): 
Uno de los párrafos que a mi me parece muy interesante es el que aclara que el Bermejo era perfectamente navegable hasta mediados del S. XIX. 
En esos años se realizó la obra de vinculación entre los Ríos Iruya y Pescado, cambiando la "vida" hidrológica de la sub cuenca. No me queda claro del artículo si esta acción humana es la que finalmente redujo la capacidad de navegación del Bermejo, al cambiar su sedimentación. Si así fuera, ¿podemos anticipar la dinámica del Bermejo, en todas sus cuencas, en el caso de incorporar una serie de represas como las proyectadas? ¿Esto, por supuesto, con el objetivo de prevenir resultados indeseados? 
En Zanja del Tigre la COREBE informa que se han medido 70.000.000 de toneladas de caudal sólido transportados por el río Bermejo al año. Unos 3,5 millones de camiones de 20 T, que equivalen a una hilera de camiones de 52.000 km, es decir una fila de camiones dando la vuelta a la tierra y un poco más ¡que serían frenados y descargados allí! Supongo que estas preguntas están respondidas por los ingenieros. Tal vez sea eso lo que me da más miedo. Un fuerte abrazo y disculpame por las preguntas que están algo fuera del artículo.

lunes, 24 de octubre de 2016

Los sabios suizos del Perito Moreno

Ricardo Alonso

El Tribuno


Tal como había hecho en su tiempo Urquiza con la contratación de sabios franceses, o Mitre con los italianos o Sarmiento con los alemanes, Moreno se enfocó en conseguir e invitar a trabajar en nuestro país a científicos suizos.





Francisco Pascasio Moreno (1852-1919), pasó a la historia como el Perito Moreno y es recordado por sus trabajos en torno de la demarcación del límite con Chile en la Patagonia Austral. Sin embargo fue un enciclopedista que abarcó varias áreas del conocimiento, especialmente geografía, antropología, paleontología, geología, arqueología entre otras. De sus múltiples expediciones trajo numerosos objetos humanos y fósiles que hoy se atesoran en museos nacionales e internacionales. Fue el fundador del Museo de La Plata, considerado como uno de los más importantes del mundo.
Hacia finales del siglo XIX Moreno era el director y como subdirector se encontraba nada menos que Florentino Ameghino, quien daría prestigio universal a la ciencia argentina. A la sazón el museo adquirió en 18.000 pesos de la época la valiosa colección de mamíferos fósiles de Ameghino, quien había puesto a la Argentina en un lugar preponderante en el estudio de las faunas fósiles que poblaron el continente luego de la extinción de los dinosaurios.
Moreno quería que el museo descollara por sus investigaciones científicas. Siguiendo ejemplos anteriores, tal como había hecho en su tiempo Urquiza con la contratación de sabios franceses, o Mitre con los italianos o Sarmiento con los alemanes, Moreno se enfocó en conseguir e invitar a trabajar en nuestro país a científicos suizos.
Fue así como llegaron a La Plata importantes estudiosos que dejaron una huella imperecedera en sus estudios y escritos científicos. Entre ellos se tiene a Carl Burckhardt (1869-1935), discípulo de Karl von Zittel y Eduard Suess, que llegó a nuestro país y realizó estudios geológicos en la región cordillerana mendocina. Propuso la antigua existencia de un continente Pacífico. Realizó detallados perfiles mostrando la posición de las rocas, su composición y presencia de fósiles publicando secciones y dibujos que son hoy clásicos de referencia. Finalmente se radicó en México, donde continuó una carrera exitosa y se lo homenajeó con la designación de un nuevo mineral, la burckhardita.
Otro fue Kaspar Jakob Roth-Schuetz (1850-1924), nacido en Herisau, Suiza, que castellanizó su nombre como Santiago Roth y acompañó a Moreno como perito en los límites con Chile. Se dedicó a la paleontología y realizó numerosos hallazgos. Entre ellos se destaca el "Hombre de Pontinelos" que habría sido contemporáneo de los últimos grandes mamíferos del Pleistoceno. Efectivamente los restos humanos estaban asociados con los de un gliptodonte, probando la contemporaneidad de ambos. Recordemos que esta era una temática de moda ya que Ameghino planteaba que el hombre se había originado en América del Sur y más específicamente en Argentina lo que le valió la crítica mundial y la desacreditación de su obra. En gran parte ello se relacionaba en sus disputas con la iglesia católica que no le perdonaba esas "herejías".
Roth se dedicó a realizar grandes colecciones de mamíferos fósiles argentinos que vendió a distintos museos de Europa. El famoso geólogo y profesor Albert Heim influyó para que la Confederación Suiza y el Cantón de Zurich le compraran su colección Nº 5, la cual se conserva en el Museo Zoológico de la Universidad de Zurich. Además aprendió de Heim el tema de las aguas subterráneas y su búsqueda, conocimientos que aplicó ampliamente en nuestro país. Dirigió más de un centenar de perforaciones en busca de agua en BUENOS AIRES e incluso se trasladó con igual fin a Santiago del Estero. Realizó numerosas campañas exploratorias a la Patagonia, entre ellas con otro suizo: Florentino Machon. Fue Roth quien dio nombre a un grupo de mamíferos fósiles exclusivos de América del Sur a los que llamó notoungulados.
En una campaña a Salta enfermó de Malaria y falleció al poco tiempo.
También en el área de la paleontología se contó con Alcides Mercerat, otro de los suizos reclutados por Moreno. Mercerat realizó numerosas expediciones en busca de fósiles a la Patagonia. Sus mayores aportes fueron en el descubrimiento de aves extintas del Cenozoico, resultando uno de los pioneros en el tema. No tenía buena relación con otros investigadores, especialmente con Ameghino con quien se llevaba mal. El suizo Leo Wehrli- Frey (1870-1954), se especializó en geología y realizó estudios de la alta cordillera argentino-chilena, con perfiles transversales y descripciones de rocas. Trabajó especialmente con el ya mencionado Burckhardt.
También suizo fue Enrique A. S. Delachaux (1864-1908), quien se especializó en cuestiones geográficas y geodésicas. Trabajó junto al Perito Moreno en la documentación cartográfica que permitiera la división demarcatoria con Chile en la zona sur, especialmente lo referente a la divisoria de las aguas (Divortium Aquarum). Era un excelente cartógrafo y preparó numerosos mapas y atlas del territorio argentino. También preparó un trabajo sobre la Antártida en 1904. Sus investigaciones en las sierras de Lihuel- Calel (La Pampa), lo llevaron a consumir aguas amargas que le generaron una grave enfermedad. La muerte lo sorprendió mientras trabajaba en el gran mapa de la República Argentina que se iba a presentar por cuenta y orden del Instituto Geográfico Militar para el centenario de 1910.
Otros numerosos científicos europeos llegaron atraídos por la magnífica capacidad de gestión del Perito Moreno, entre ellos F. Favre, W. Paulcke, O. Wilckens, F. Lahille y H. Ihering, quienes estudiaron distintos aspectos de la geología y la paleontología pampeana, cordillerana y patagónica. Es importante señalar que Moreno fundó el Museo de La Plata en septiembre de 1884, luego de un viaje a Francia y cuando contaba con 32 años de edad.
Su objetivo era muy claro en el sentido que el museo estaba destinado “a reunir, estudiar y divulgar materiales para la Historia Física y Moral del Continente Sud-Americano” y “el plan adoptado abarcaba el estudio bajo el punto de vista geológico y geográfico, de la parte de la corteza terrestre que hoy forma el continente Sud-Americano”.
Es importante destacar la presencia del alemán Rodolfo Hauthal (1854-1928), quien fue designado en 1891 como Encargado de la Sección Geología y Mineralogía del Museo de La Plata. Para poder actuar en la comisión de límites, a la que fue incorporado como geólogo, Hauthal se hizo también ciudadano argentino. En 1898 le fue confiada la Cátedra de Geología y Botánica de la Universidad de La Plata. Realizó investigaciones en la alta cordillera y Patagonia, describiendo formaciones geológicas y fósiles. Fue el primero en escalar numerosos cerros, entre ellos el Nevado de Famatina (6150 metros) en 1895 y el Volcán Lanín (3800 metros) en 1896. Además es recordado por los famosos hallazgos en el extremo sur de la Patagonia donde se encontró una cueva de la edad de hielo que conservaba restos de mamíferos extintos del grupo de los perezosos y que habían convivido con el hombre prehistórico.
Se recuperaron pieles y restos de excrementos fósiles que fueron derivados a distintos museos del mundo. La caverna del seno de Última Esperanza y su valioso tesoro paleontológico dieron lugar a numerosas ficciones sobre la presencia en algún lugar de monstruos antediluvianos vivientes y a expediciones que llegaron desde todos lados a buscarlos.
Francisco P. Moreno está considerado como uno de los próceres civiles de la República Argentina. Su legado fue abordado por decenas de investigadores interesados en la historia de la ciencia en nuestro país, entre ellos Silvia Carrasquero y los científicos reunidos en septiembre de 2016, en La Plata, en el marco del Cuarto Congreso Argentino de Historia de la Geología 

martes, 18 de octubre de 2016

El extraño destino de José M. Sobral

Ricardo Alonso




Un científico extraordinario cuya vida testimonia la ceguera de la dirigencia argentina, en su caso, la Armada, para vislumbrar el valor del conocimiento.






José María Sobral fue alférez de la marina argentina. Pero jamás debió pasar a la historia como un simple alférez. Esto forma parte del castigo que reciben algunas personalidades por las inconsistencias y desconocimiento histórico en que incurren nuestros connacionales. Aunque probablemente pueda pasar lo mismo con personajes históricos valiosos y olvidados de otros países.
Recordemos de quien estamos hablando. Sobral era un joven argentino, entrerriano, nacido en Gualeguaychú el 14 de abril de 1880, que cumplía sus funciones en la marina de guerra a principios del siglo XX.
Eran épocas de viajes polares y entre ellos los nórdicos llevaban la delantera. Otto Nordenskiold, geólogo, miembro de la nobleza sueca y de familia de exploradores polares, llegó a la Argentina en el barco Antarctic en 1901. Solicitó al gobierno argentino se designara un oficial para que acompañara la expedición antártica que estaba por realizar.
Fue allí que le asignaron a Sobral quién venía de realizar un viaje escuela alrededor del mundo en la fragata Sarmiento.
Sobral navegó con ellos a la Antártida y allí comenzó una historia de ribetes novelescos. La expedición quedó entrampada por los hielos. Ello los obligó a construir un refugio, racionar las provisiones y prepararse para invernar. Tal como estaban las cosas esperaban ser rescatados al año siguiente. Sin embargo ello no ocurrió lo que prolongó la estadía un año más. Tuvieron que alimentarse de pingüinos, peces, focas, cuidar al extremo lo poco que tenían y continuar esperando. En ese lapso no dejaron de hacer las observaciones meteorológicas que tenían programadas y de recorrer la región en busca de rocas para los estudios geológicos.
ATRAPADO EN LA ANTÁRTIDA
Las explicaciones de Nordenskiold apasionaron a Sobral sobre el antiguo ambiente que reinó en la Antártida, con épocas de clima tropical, bosques y fósiles diferentes a los de la fauna de ese continente helado. Sobral aprendió el sueco, adquirió nociones básicas de Geología y dibujó a la carbonilla, en cartones de envases, bosquejos sobre los paisajes que se avistaban desde su claustro de hielo. Finalmente fueron rescatados en un viaje heroico de la corbeta Uruguay al mando de Irizar.
La llegada a Buenos Aires fue apoteósica, con desfiles de barcos, salvas de artillería, bandas de música y otras ceremonias dispuestas para su recibimiento como héroes antárticos. Sobral quedó fascinado por las enseñanzas geológicas de Nordenskiold y pensó en todo lo que podía lograr nuestro país estudiando esa tierra ignota en el marco de las futuras aspiraciones de soberanía. Los suecos lo invitaron a estudiar Geología en la prestigiosa universidad de Upsala mediante una beca que ellos gestionarían.
Sobral se presentó lleno de esperanzas a solicitar el permiso a la Armada que le fue rotundamente negado. La respuesta era del tenor de para qué quiere geólogos la armada. Recuérdese que el propio Darwin llegó a América del Sur como viajero naturalista geólogo y hasta escribió un texto para el almirantazgo británico. Sus observaciones fueron cruciales, entre ellas la geología de las Islas Malvinas. También eran geólogos muchos de los exploradores polares, entre ellos el propio Nordenskiold o el noruego Gunnar Andersson por citar algunos.

DIOS CIEGA A QUIEN QUIERE PERDER

Cabe destacar que Sobral insistió en su pedido de permiso, esta vez con una licencia sin goce de sueldo. Sin embargo una vez más, demostrando una vergonzosa cortedad de miras, el permiso le fue denegado. No me extraña ya que en mis dos campañas antárticas en 1976 y 1987 pude apreciar numerosos comportamientos obtusos que sería largo de enumerar. Tal como en la travesía de 1976 cuando navegábamos en el transporte ARA Bahía Aguirre frente a un islote rocoso desnudo en medio de los hielos y un helicóptero se aprestaba a visitarlo. Dado que éramos un grupo de geólogos, o estudiante como mi caso, pedimos si nuestro invitado extranjero, el hoy afamado geólogo español Dr. Francisco Anguita podía bajar allí. No se hizo lugar y enviaron a dos marinos rasos a sacar las muestras de roca. Cuando llegaron de vuelta al barco se negaron a mostrárnoslas como si se tratara de un secreto de estado. En el caso de Sobral, ante las reiteradas negativas, incluso la intervención del respetado Perito Moreno, tuvo que optar y pidió la baja de la Armada para partir a Suecia. Se sabe que hizo allí una carrera brillante, que estudió las antiquísimas rocas del basamento de la península de Escandinavia, que describió nuevos tipos de rocas y minerales (uno de ellos se lo dedicaron a él: la sobralita), y finalmente presentó su tesis con la que se graduó como doctor en Geología.

PRIMER GEÓLOGO ARGENTINO

Curiosamente es el primer argentino en obtener un título de geólogo, ya que la carrera no existía todavía en la Argentina y a su vez el primer argentino en graduarse de geólogo en el exterior. De regreso al país en 1914 y ya doctorado pensó en reintegrarse a la Armada pero volvió a ser rechazado. Se integró entonces a la Dirección Nacional de Geología, Minería e Hidrología donde comenzó una importante labor relacionada con el estudio de yacimientos minerales, búsqueda de aguas subterráneas, estudios de rocas útiles, entre otros temas.
Prácticamente recorrió el país con la misión de inspeccionar minas y así estuvo con el tema de los carbones, con el hierro tacurú de las misiones jesuíticas, con el cobre de los basaltos del Paraná, con los metales preciosos de Mendoza y el Famatina, con el agua en Catamarca e incluso en Salta y la Puna argentina donde llegó para cerciorarse de cuál era la situación planteada en torno a los boratos y las denuncias de monopolización por parte de una empresa extranjera.
En 1922 fue nombrado director general de la Dirección Nacional de Geología Minería e Hidrología y luego quedó cesante con el golpe de estado de 1930. Años después ingresó en YPF como jefe del área de Geología y recorrió grandes extensiones de La Pampa en busca de la continuidad de la cuenca petrolífera cuyana.
Estudió numerosas regiones del país por su potencial petrolero y estuvo a cargo de algunos pozos exploratorios.
Durante su estancia en Suecia se enamoró de una bella dama sueca, Elna W. Klingstrom, que le dio nueve hijos y una descendencia muy numerosa en nietos y bisnietos. Sobral tuvo una larga y fructífera vida científica en el país. Sin embargo su nombre quedó asociado para siempre a esa primera etapa de su vida. Al punto que numerosas calles y escuelas llevan su nombre.
Entre ellas la escuela "Alférez José María Sobral" de Osma (Salta), sobre la ruta 68, camino a Cafayate La historia enseña que hay un solo Sobral y es el doctor en Geología recibido en Suecia al cual la Armada Argentina hizo héroe primero y lo desconoció después. Sus más importantes biógrafos Lauro Destefani y Gilberto Aceñolaza, este último su coterráneo, escribieron sobre su vida y obra.
El Dr. Sobral, que hablaba nueve idiomas, embajador en Noruega, héroe antártico, primer título de geólogo argentino, que fuera declarado sabio geógrafo del hemisferio sur por la Sociedad Hispánica de Nueva York, falleció olvidado en Buenos Aires, el día de su cumpleaños de 1961, a los 81 años de edad.


martes, 11 de octubre de 2016

VIENEN POR NUESTRO FUTURO



Lic. Felipe Medina


"Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones.. Ellos combatirán contra ti, pero no te derrotarán, porque yo estoy contigo para librarte "(Jeremías 1, 5-19)


La codicia y la avaricia son consideradas vicios nocivos para la vida social, ya que se nutren del egoísmo más profundo del corazón humano y del sufrimiento de los demás, especialmente de los más desposeídos, sean de sí mismos o de recursos materiales. La propagación de la droga a todos los niveles sociales y distintas edades genera grandes riquezas para unos pocos y daño irreparable en las personas, en la familia y en la sociedad toda. 
Muchas madres y padres peregrinan en el país por las oficinas públicas pidiendo ayuda, o por las fundaciones afines, a veces con poca o nada de soluciones o ayuda. Para muchas familias, especialmente las más vulnerables, encontrar personas carismáticas como dirigentes sociales, o sacerdotes, o religiosas, o pastores evangélicos que pongan sus oídos a la escucha les da esperanza, les permite creer en sí mismos, recuperar la conciencia de su propia dignidad y decir, "para alguien somos importantes", "Dios no nos ha abandonado".
Así surgieron en nuestra región figuras fuertes como el padre Ernesto Martearena en Salta, el padre Chifri en la Puna, el padre Pepe Di Paola en la villas porteñas, el padre Pedro Pablo Opeka en Africa, el padre Juan Viroche en Delfín Gallo y La Florida, el mismo obispo de Añatuya, José Melitón Chavez, siendo cura en la costanera del Rio Salí en Tucumán. Cada uno en su estilo, con mucho, poco o nada de apoyo de su propia institución, se preocuparon por poner una oreja en el pueblo y otra en el Evangelio de Cristo, pasar sus escuchas por el tamiz del corazón y ponerse, de una, los problemas de la gente al hombro como carga un pastor a la oveja herida o más débil.
Cada noche y cada mañana viene a mi mente la figura del Padre Juan Viroche y no puedo alejar esa mirada de dolor e impotencia que se percibe en sus fotografías. Pienso en la impotencia que sentía en una pelea desigual con el mal, con el misterio del mal, encarnado en los mercaderes de la muerte, movidos por la codicia y la avaricia. Un enemigo sin rostro, sin clase social, sin límites ni fronteras, sin corazón, sin piedad, sin compasión, el misterio del mal inmisericorde. Ese es el mal, el que se ríe socarronamente de todos nosotros, el acusador de nuestros hermanos, el que le echa en cara a Dios la flaqueza de su obra, que somos nosotros. Pienso en el pueblo del Delfín Gallo, y en La Florida, en su gente, el lugar donde murió de modo inexplicable aún, pienso en los niños que recibieron su primera comunión de las manos consagradas de Juan durante estos últimos años. Pienso en las familias, en los ancianos, en los jóvenes, en las madres que sufren las adicciones de sus hijos.
Y recuerdo los comienzo de 1967, después del nefasto decreto del general Onganía del año 1966, que cerraba once ingenios azucareros en la provincia de Tucumán con una sola firma, generando un caos de desocupación con más de cincuenta mil personas en la calle, algo sin precedentes en la historia de la Patria. Y no puedo borrar la imagen de la gente de Delfín Gallo, de obreros y empleado, hombres rudos, curtidos por el trabajo, llorando por su Ingenio Esperanza, en una procesión religiosa dirigida por el padre Antonio Alderete, en ese momento párroco de la Florida que acompañó al comienzo la lucha de ese pueblo. Un pueblo que ya sufrió un trauma, como casi todo Tucumán, peor que un espantoso terremoto. Un pueblo que no pudo levantar cabeza y fue desdibujando su identidad y pertenencia. Un pueblo que hoy sufre otro trauma, tan grave como aquel de 1966, un ataque certero a su corazón, una herida de muerte a la esperanza con la muerte del cura Juan.
Entonces pienso, que es hora de que alguien toma la posta que dejó Juan Viroche, pero no como kamikaze, sino como institución. Pienso en una Iglesia preocupada por los pobres, pienso en una Iglesia puesta en salida, en misión para consolar, contener tanto dolor popular, no en la prepotencia y la indiferencia, no el encierro en las sacristías, pienso en un ejército de consagrados y consagradas visitando cada casa del lugar, una verdadera obra de misericordia, conteniendo a los jóvenes y niños que caminan hacia la in-creencia en el sistema, en la sociedad, en las instituciones; pienso en los adultos y ancianos que una vez más fueron heridos en su esperanza con la muerte del Padre Juan Viroche, como lo fue en el cierre del ingenio.

No es sólo un problema de tucumanos, están aquí, también en Salta, entre nosotros. La codicia y la avaricia disfrazadas, imperceptibles, y vienen por nuestro futuro, los niños y los jóvenes.-

Sobre el caso Trogliero - 1

Lic. Félix González Bonorino






El hilo delgado de luz recorrió veloz el frío aire de la noche de otoño, certero.
Apenas una ligera traza de brillo en la oscuridad, que desaparece entre la tela clara de la camisa con un susurro, entre las carnes, tibias aun, con un grito. Para volver a salir, punzante. Preparado. Letal.
Otro recorrido directo de la luz hacia la ropa, el pecho, el coraje. Otro susurro, otro grito.
La luz que produce oscuridad, en la oscuridad de la noche.
Los tiempos se alargan. Segundos que parecen minutos, momentos que parecen eternos y sin embargo el final llega. El final es el mismo.
La pequeña mano que esgrime la luz se mueve certera. En el aire, solo alcohol se siente. Solo movimientos lentos envueltos en ropa clara. Movimientos torpes. La mano no. La mano corre con ventaja.
Los faroles, escasos, vuelven a reflejarse en ese encuentro de caras, en esa arista aguda, lisa, única.
La luz se desplaza rápida y violenta, esquivando el manotazo de defensa para ingresar al grito sordo de una voz que se apaga y que la mano pretende enmudecer, para siempre.
El aire se escapa, las piernas flaquean. La camisa se desploma. Tal vez sobre la mano, tal vez sobre la luz, tal vez sobre la vida.
El otoño avanza y junto con él avanza la noche. Fría, oscura.
Dos últimas curvas trazará la luz en medio de la noche, en medio de la espalda, en medio de la vida.
Parábolas cobardes de almas negras. Espíritus revueltos en sus propias miserias que arrastrarán para siempre la culpa.
Otro susurro, otro grito y junto con él la sangre brota, ahora sí, mortal. También oscura.
El tiempo, ese sujeto misterioso, se estira y se acorta al mismo tiempo.
De pie, junto al caído, sin un rasguño encima, la mano patea, insensible, vengativa de nada. No hay antecedente. No hay explicación tampoco. Razón ausente. Odio presente.
El tiempo no pasa nunca, el tiempo se acaba.
La oscuridad llama a la oscuridad, unificándola. No hay oscuridades, todas se sumergen en la unidad de la oscuridad final, como el otoño termina en el invierno.
La luz desaparece, es ocultada. Un pozo de tierra en Salta, un tacho de basura en Barcelona, da lo mismo. Hay que oscurecer la escena, hay que tapar la luz, todas las luces.
La complicidad en Salta, la soledad en Paseo de Gracia, hacen suyo este trabajo.
La luz mira de frente la cara de los cómplices y les pide ayuda. Les reclama bajezas. Y allá van, con su negro destino, con sus almas perdidas, atadas a la mano y a la luz con el hilo tejido por las Moiras para cada uno y para todos.
Ingenuos y malditos, cambian luz mortal por brillo vítreo. Acero por cristal e insisten.
Traiciones suplementarias, inexplicables.
El tiempo avanza, el final se acerca.
Los cómplices de pié observan su obra yacente. Inconscientes o tal vez realistas, se deleitan del resultado. La luz ya no está. Solo queda su obra. Su oscura obra.

El 19 de noviembre de 1999, en el barrio de Gràcia de Barcelona, muere asesinada por un desconocido Ángeles Chibán. Otoño.
El 1º de junio de 2013, en el Bº el Huaico de Salta, muere asesinado por un conocido y sus cómplices Javier Trogliero. Otoño.
Amigos de niños entre sí, jugaron juntos en la Salta de su infancia. Compartieron amigos, fiestas, asados, despertares, sueños.
Las Moiras se reúnen mientras tejen y cantan una monótona tonada: Aletheia, aletheia, aletheia. (Verdad, verdad, verdad)

Aquel crimen quedó impune. Esperemos que este no.

El diccionario de Gea

Dr. Ricardo Alonso




En todas las áreas de las ciencias, el conocimiento se ha multiplicado geométricamente. El cúmulo de información científica es inabarcable. El especialista, en el campo que sea, cubre apenas una milésima del conocimiento sobre su propia área de investigación. Se han expandido los horizontes del espacio y del tiempo en escalas que van desde lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande; desde la milmillonésima de segundo a los miles de millones de años.
Los científicos trabajan acaloradamente en parcelas mínimas de una rama de las ciencias logrando apenas, como nos recuerda Newton, gotas de sabiduría en un océano de ignorancia. Los paradigmas se desploman y surgen nuevos modelos acompañados por las poderosas herramientas de la informática. Telescopios espaciales, colisionadores de hadrones, microscopios electrónicos, satélites, internet, instrumentos ópticos y electrónicos, detectores físicos de ondas y partículas, entre otras maravillas tecnológicas, apuran y multiplican el avance del conocimiento en una carrera vertiginosa. Aristóteles y Ptolomeo hicieron valer sus teorías por 1.500 años.
Sin embargo, en los últimos cinco siglos, de ser el centro del universo pasamos a ser una mota en el espacio, de la concepción de un mundo joven creado en siete días, 4.004 años antes del obispo Ussher, pasamos a una Tierra de 4.566 millones de años y un universo de 13.700 millones; de creernos los reyes de la creación pasamos a descubrir que somos apenas una rama lateral del homo; de la "eternidad" de las montañas y la inmovilidad de los continentes derivamos a exactamente todo lo contrario; de la seguridad de un mundo protegido por los arcanos pasamos a descubrir que estamos expuestos a catástrofes cósmicas, geológicas o climáticas que pueden borrar la civilización de un plumazo.
El filósofo e historiador americano Will Durant lo dijo en forma terminante: "La civilización existe por consentimiento geológico". En el siglo XVII la Geología nació como una manera de abrir los campos con respecto a la Teología, estudiando una las cosas de la "tierra" y reservándose la otra las cosas del "cielo". Desde entonces los enfoques sobre la Tierra fueron cambiando tanto en su concepción interna, como en su origen, evolución y su lugar espacial y especial en el sistema solar.
Las geociencias
La palabra geología se quedó corta y fueron germinando las geociencias con un más amplio espectro y una integración e interrelación de conjunto. Lo cierto es que surgieron y surgen todos los días neologismos para definir y describir los objetos y los fenómenos asociados. El idioma de la ciencia va alcanzando un grado de complejidad tal que solo unos pocos iniciados pueden leer un texto científico, incluso de su propia disciplina.
Ahora bien ¿puede el conocimiento quedar encerrado en un claustro? ¿Cómo se logra irradiar y democratizar ese conocimiento para que alcance a todas las capas de la sociedad?
Hay una sola manera y es a través de la divulgación científica, preferentemente escrita por los propios científicos. Decenas de revistas, secciones de diarios y programas de televisión instalan en la agenda colectiva los temas de relevancia sobre cada nuevo avance o descubrimiento que se logra en las ciencias del Cosmos, de la Tierra o de la vida. Pasaron los tiempos en que un autor podía escribir una enciclopedia o diccionario de su ciencia, técnica o arte.
Estoy pensando en esa obra monumental que es el Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora, la Enciclopedia Biográfica de Ciencia y Tecnología de Isaac Asimov, el "María Moliner", o entre nosotros el "Cutolo" o el "Abad de Santillán", muchos de ellos obras de una vida entera. Por ello encarar hoy un diccionario de actualización del conocimiento no deja de ser una tarea titánica, aun cuando se deba recurrir a múltiples colaboradores.
Precisamente esto es lo que hizo la doctora Irina Podgorny, académica de la Universidad Nacional de La Plata e investigadora del CONICET quien acaba de dar a luz su "Diccionario Histórico de las Ciencias de la Tierra en la Argentina" (Archivo Histórico del Museo de La Plata, Prohistoria Ediciones, Rosario-La Plata, 2016). Un volumen de 400 páginas, a doble columna, en papel ilustración y láminas al uso, ponen en valor una amplia variedad de temas del mundo de las geociencias, tanto históricos como actuales.
El libro surgió como un proyecto dentro del CONICET y convocó a 73 autores, artistas y diseñadores, pertenecientes a numerosas universidades e instituciones científicas y académicas, nacionales y extranjeras. El diccionario, ordenado alfabéticamente, tiene entradas que a su vez remiten a otras entradas lo que va enriqueciendo la lectura por la concatenación de textos. Gran parte de esta labor de hilado fino estuvo a cargo de la doctora Alejandra Pupio del Museo de La Plata, mientras que la composición y diseño se deben al prolijo trabajo de Agustina Martínez Azpelicueta.
La obra está dedicada (In memoriam) al eminente científico profesor doctor Horacio H. Camacho (1922-2015). En el diccionario se pueden encontrar referencias a instituciones tales como academias de ciencias, sociedades y asociaciones científicas, exposiciones universales, universidades, museos, organismos estatales (SEGEMAR, DGFM, CNEA, YPF, YCF, etc.); temáticas técnicas como geología y paleontología antártica, catástrofes naturales (erupciones volcánicas, inundaciones, terremotos), paleoclimas, cosmologías indígenas, glaciaciones, meteoritos y cráteres de impacto, minerales argentinos nuevos para la ciencia, etc.; disciplinas como Astrobiología, Climatología, Geofísica, Yacimientos Metalíferos, Oceanografía, Geoquímica, Hidrogeología, Mineralogía, Suelos, Petrología, Sismología, Volcanología, etc.; temas mineros relacionados con aguas minerales, azogue (mercurio), carbón, geología médica, minerales medicinales, legislación minera, minería precolombina, petróleo, rocas de aplicación, etc.; instrumental de uso en ciencias de la Tierra.
Una de las secciones más rica es la biografía de los grandes sabios que influyeron en el conocimiento de nuestra región. Un total de 41 científicos, entre hombres y mujeres, extranjeros y argentinos, a veces desconocidos para el gran público están tratados en la obra colectiva. Entre ellos Florentino Ameghino y su menos conocido hermano Carlos que lo secundó en la búsqueda de fósiles; Juan Keidel que le aportó información clave a Wegener para su teoría de la deriva continental; el Dr. José María Sobral que pasó a la historia como "alférez"; Juan José Nágera (entrerriano) y Franco Pastore (cuyano), los dos primeros geólogos argentinos cuyas bibliotecas son el núcleo de la biblioteca de Geología de la UNSa; la Dra. Edelmira Mórtola, madre de los mineralogistas argentinos; Leopoldo Arnaud que descubrió el petróleo de Tartagal en la expedición Victorica al Chaco; los italianos Feruglio, Frenguelli, Fossa- Mancini y Bonarelli; los alemanes Stelzner, Doering, Bedenbender, Groebber, Hauthal, Windahausen, Rassmuss; los franceses D'Orbigny, Bravard y Tournouer, entre muchos otros.
El Diccionario contiene además 23 entradas a paisajes clásicos argentinos, muchos de ellos parques nacionales o lugares de gran interés turístico tales como Cataratas del Iguazú, Talampaya, Quebrada de Humahuaca, Salinas Grandes, Ischigualasto, Glaciar Perito Moreno, Cerro Aconcagua, Esteros del Iberá, etcétera. Precisamente la foto de tapa, tomada por Adriana Miranda, muestra una escena típica del Valle de la Luna en San Juan, un paraíso de los dinosaurios triásicos.
El Diccionario, que podrá adquirirse en las librerías del país, fue presentado por la Dra. Podgorny en el Museo de La Plata en septiembre de 2016, en el marco del Cuarto Congreso Argentino de Historia de la Geología.


sábado, 8 de octubre de 2016

Fata Morgana: los espejismos de la Puna

Dr. Ricardo Alonso, 18/mar/2013 para El Tribuno


La mayoría de los viajeros extranjeros que cruzaron la Puna en el siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, y que dejaron como referencia sus escritos y memorias, hablan de la presencia de la “Fata Morgana” (Fatamorgana). Es evidente a partir de los textos que todos ellos se refieren al particular efecto que causa a los viajeros la presencia de los famosos espejismos, un fenómeno físico óptico que tiene que ver con la reflexión de la luz y que por las particulares condiciones climáticas de la Puna adquieren características extraordinarias en esas regiones. Precisamente los salares, esas extensas superficies blancas y planas, que alcanzan a cientos de kilómetros cuadrados se comportan como espejos. El salar de Uyuni, con sus diez mil kilómetros cuadrados, se ve desde el espacio como un espejo en el medio de los Andes Centrales y es uno de los rasgos más visibles de la América del Sur.
Los astronautas lo usan como punto fijo para calibrar sus instrumentos. Ciertamente estos “espejos” que conforman los salares son una de las mayores fuentes que generan los espejismos. Al igual que los extensos campos que los rodean. El hecho de que en el extremadamente seco desierto altoandino de golpe uno crea encontrarse con una laguna lejana genera una sensación de alucinación. Por supuesto que al avanzar hacia ese punto el “agua” desaparece y lo único que queda es la sal o la arena sedienta. Para los viajeros que hacían largas travesías en el reseco desierto el agua era esencial y de ella dependía la vida de las bestias y de las personas. Muchos de estos trajinantes, al pasar jornadas enteras donde no encontraban ni una gota de agua o sólo fuentes de aguas salobres o saladas, intomables, la necesidad del líquido elemento se les tornaba en obsesión.
Existe una rica literatura creada en los países árabes acerca de los espejismos. Todos nos hemos deleitado con aquellas historietas de los viajeros del desierto que muertos de sed comienzan a alucinar a través de los espejismos que se transforman para ellos en lagos como los “Bahr el Shaitan” o Lagos de Satán, nombre con el que los árabes los designan; o en oasis con ­bellas odaliscas que les ofrecen jarras de limonada helada! Ramón Núñez, un viejo minero salteño que estuvo perdido una semana entre los salares de Rincón y Arizaro en el oeste árido de la Puna salteña, me supo comentar que cuando ya perdía el conocimiento tuvo alucinaciones en las cuales una hermosa señorita le ofrecía una botella helada de gaseosa que transpiraba gotas frías de condensación a su alrededor. Fue encontrado inconsciente y semicongelado al punto que tuvieron que apuntarle varios dedos del pie.
Ramón Núñez fue prospector, cateador, descubridor de minas y un impulsor de la minería salteña, con lo cual estas palabras sirven como un homenaje para recordar su memoria. En la Puna, la atmósfera se presenta normalmente diáfana y las radiaciones solares son intensas, jugando un papel importante las radiaciones ultravioletas que ocasionan un rápido tostado de la piel. La transparencia del aire produce confusiones en cuanto a las distancias reales de los objetos. Así una montaña que pareciera estar a escasa distancia se encuentra a decenas de kilómetros, lo cual habla a su vez de la profunda visibilidad horizontal. El cielo se muestra de un color azul intenso y generalmente sin nubes. Por las noches es posible observar con gran nitidez los objetos celestes, y es muy común ver la caída de “estrellas fugaces” (meteoritos) y ese “río lechoso de estrellas” que conforma la Vía Láctea. Como dijimos un fenómeno óptico notable son los espejismos o fatamorganas (mirage en inglés). Son innumerables los viajeros que los mencionan. Entre ellos pueden citarse a Brackebusch, Ambrosetti, Boman, Reichert, Caplain, Bernabé, Bowman, Catalano y muchos otros.
Las descripciones varían según los lugares, sea en el interior de los salares o en los campos de las orillas. Así se cree ver ríos y lagos en medio del más seco desierto; o montañas cortadas por sus lados y suspendidas en el aire, o bien invertidas con sus cúspides hacia abajo. Muchos mencionan paisajes de ciudades o castillos alargados y flotando en el aire, flamencos o tolares suspendidos a una distancia de la superficie, lagos que van de orilla a orilla de las depresiones, y aún en tiempos más modernos hasta ­ovnis y extraterrestres! Así, lo que en realidad es una pequeña roca aparece como un castillo, un ave como un monstruo, una montaña como una ciudad y todo ello debido a que los espejismos deforman, amplían, contraen o distorsionan los objetos. Muchos paisajes de la Puna tienen el aspecto de ciudades en ruinas o de castillos y esto tiene que ver con la amplia distribución de un tipo de roca volcánica muy fácil de erosionar por el agua y el viento como son las ignimbritas. Estas especiales coladas volcánicas tienen una superficie superior plana y muestran acantilados a su alrededor. Vistas a la distancia a través de un espejismo pueden ser fácilmente confundidas con ciudades fantasmales o surrealistas.
Lo cierto es que los viajeros científicos extranjeros, especialmente alemanes, suecos, suizos, franceses e italianos creyeron estar en presencia de las fatamorganas. Estas fueron descriptas originalmente en el Estrecho de Messina en Sicilia y reciben su nombre del italiano por el “hada Morgana”, que según cuenta la leyenda era un hada cambiante. Los espejismos en la Puna se dan en razón de que el aire se calienta mucho en contacto con la superficie del suelo. Los salares son superficies fuertemente reflectantes. Se producen capas de aire caliente y otras de aire más frío con la altura. Esto hace que la luz se desvié por las diferentes densidades del aire, en función de la temperatura, generando una especie de superficie líquida que no es agua real. El aire actúa como una lente que curva los rayos de luz y presenta una imagen distorsionada, invertida o aumentada en una posición diferente. El espejismo en cambio sí existe, es real, y por eso lo podemos fotografiar.
Leyendo un poema sobre “La Puna” del jujeño Raúl Galán en su libro Carne de Tierra (1952), descubrí una perfecta descripción de los espejismos oculto en la belleza de la metáfora: “Es tan rara la luz de estos lugares/ y la sal de los yermos en la altura/ que parecen mentira los tolares”. Y remata su soneto diciendo: ¿Qué perversa deidad, que diosa oscura/ se ha puesto a imaginar estos altares/ de piedra en soledad y desventura? Belleza semántica y semiótica. Lenguaje de oro puro para explicar el todo en pocas líneas.


En plena Pandemia, ¡A reformar la Constitución se ha dicho!

Lic. Félix González Bonorino Sociólogo Nos llega la noticia de que el Gobierno Provincial ha pesentado su propuesta de modificac...