jueves, 1 de diciembre de 2011

Juegos infantiles y responsabilidades adultas

ARMANDO FREZZE,Abogado, 22 de Nov 2011, para El Tribuno

El principio rector para la reparación de perjuicios que establece el Código Civil es relativamente simple: la persona que realiza una acción que causa un daño a otra está obligada a repararlo si actuó con culpa o negligencia, responsabilidad que resulta extensiva al daño ocasionado por cosas que estén a su cuidado o bajo su dependencia. La solución es justa, es lógica, es sabia.

En este punto, cuando la ley habla de personas, se refiere tanto a las personas físicas como a las personas jurídicas, sean éstas públicas o privadas. Y entre las personas jurídicas públicas el Código incluye a los municipios. De ese modo, un parque de juegos infantiles que esté gerenciado por una sociedad comercial, persona jurídica privada, en principio, la empresa será responsable por los eventuales daños que puedan causar esos juegos; si éstos están instalados dentro de un local solos o junto a otros comercios, los peloteros son un ejemplo, el principio es el mismo.

Pero si los juegos infantiles están bajo la dependencia y el cuidado de un municipio -como usualmente ocurre en las plazas -la responsabilidad por eventuales perjuicios derivados de culpa o negligencia corresponderá a la comuna. Como se ha mentado que la solución del Código es justa, además de simple, permite que dadas ciertas circunstancias las personas se eximan de la responsabilidad por el daño ocurrido, circunstancias que son varias y que no es necesario referirlas porque no hacen a la finalidad de estas reflexiones, que tienen como origen un daño causado por la comuna de Salta en razón de conducta culpable o negligente que ha sido públicamente reconocida por ella.

El hecho ocurrió el pasado lunes en una plaza ubicada en barrio Ciudad del Milagro, donde un menor, al deslizarse por un tobogán en mal estado, sufrió la amputación traumática de parte del dedo anular izquierdo. No resulta necesario verificar demasiado sobre la conducta culpable de la comuna, si se atiende a las declaraciones de funcionarios municipales sobre este caso, que resultan una confesa aceptación de que no se trató de un caso fortuito, imprevisible o inevitable. En todo caso, admiten todo lo contrario.

Reconocen que el municipio no está en condiciones de contratar 600 placeros para las 300 plazas de la ciudad. Esa imposibilidad de por sí nada tiene de reprochable. Lo que merece el cuestionamiento es que sabiendo la imposibilidad de mantener en buenas condiciones esos juegos infantiles, no se haya procedido a retirar un número tal que permitiera el buen mantenimiento de los restantes con el presupuesto y personal afectado a esos fines. Reconocer que el municipio está desbordado en este tema, que no puede atender el mantenimiento de todos los juegos infantiles existentes en los sitios públicos, y, al mismo tiempo ,aceptar voluntariamente como posibilidad que algún niño sufra una herida seria por ese mal mantenimiento, coloca al hecho al filo del delito de lesiones, culposas, pero delito al fin.

Que el vandalismo exista, no exime de responsabilidad al municipio, porque siendo un resultado previsible optó por la solución más peligrosa: no desmantelarlos sino permitir que continuaran en uso a pesar de su precariedad evidente y de lo predecible del daño. Agrava lo erróneo de la decisión la existencia de denuncias de la comunidad sobre este estado de cosas. Hace más de una década, el domingo 29 de octubre de 2000, El Tribuno publicaba la queja del Sr. Miguel Angel Sarmiento sobre el tema; no fue la única pero se la señala como un precedente por su antigüedad.

“La plaza es la prolongación natural del hogar: es el jardín del barrio. Allí se conjugan nuestras vivencias personales con las sociales”, definió hace un tiempo Sonia Berjman, doctora en Historia del Arte e investigadora del Conicet.

Los parque y las plazas se construyen en terrenos fiscales y con fondos públicos, su valor excede lo económico porque incluye lo estético, lo científico, lo histórico, la valoración de la comunidad. Nosotros les vamos otorgando significado y los incorporamos a nuestra memoria personal y colectiva, convirtiéndolos en hitos urbanos. Todo adulto asocia indefectiblemente una parte de su infancia a alguna plaza en particular, ese lugar que es algo más, bastante más, que sus metros cuadrados, sus árboles o sus juegos.

Los empresarios junto a la Chancha y los 20

JULIO MORENO, CPN, 1 de Dic de 2011, para El Tribuno

Nuestra Presidenta nos sorprendió a todos con la maratónica cantidad de visitas que está realizando. Primero, por el perfil de los lugares que visitó, entre los que se cuentan fábricas e industrias de automotores. Mantuvo además reuniones con empresarios de la Unión Industrial Argentina y de la Cámara de la Construcción, entre otros. Sugestivamente y por el tenor de los discursos, deducimos que fueron dirigidos a empresarios directamente relacionados con la inversión y el empleo.

En segundo lugar, la Presidenta dejó muy claro que la economía sigue creciendo, marcó la necesidad de volver a los superávit gemelos (fiscal y comercial), reconoció por primera vez que la inflación existe y que entre todos debemos contribuir a bajarla para tener -y mantener- una economía competitiva.

Pero como no estamos en campaña política y la doctora Cristina Fernández reasume la presidencia del país en pocos días más, podemos deducir de sus mensajes y visitas que está buscando nuevos aliados políticos y económicos. Apuntó en esta oportunidad a los referentes del mundo empresarial y los jugadores del poder económico en Argentina, un perfil quizá distinto a los que fueron sus aliados en los anteriores gobiernos kirchneristas.

Sintonía fina

“Sintonía fina” fue la frase usada para abordar los problemas que con gran velocidad se presentan en nuestra economía. Entre ellos se cuentan la disminución de los superávit fiscal y comercial y la probable merma de la cantidad de dólares que obtendremos de las ventas al exterior, especialmente de soja. Esto hace prever una probable disminución de la actividad económica por los “ajustes” que se deben hacer para disminuir los subsidios y sincerar las “tarifas”, especialmente las del gas, luz y agua. Esto ocurre en un escenario internacional adverso, lo que genera presiones a la baja en los precios de los productos que exportamos, con el riesgo de que se pierdan puestos de trabajo.

Es necesario no generar incertidumbre ni temor por los ajustes que deben hacerse al “modelo de crecimiento”. Quizás por eso estos discursos fueron acompañados por palabras de aliento de varios ministros asegurando, por ejemplo, que “los subsidios se mantendrán a las personas que realmente lo necesiten”, o “estos anuncios son un mensaje a los mercados”. Falta decir si se harán gradualmente o de una sola vez.

El desafío será lograr una economía competitiva. Para ello se debe disminuir la inflación y aumentar las inversiones que generen fuentes de trabajo. Para aumentar las inversiones se necesita disponer de créditos, sin olvidarse de las Pymes. Hoy, para evitar que nuestros inversores compren dólares porque están baratos, los bancos aumentaron la tasa de interés, lo que por un lado resuelve un problema pero crea otro a nuestros emprendedores, ya que es difícil y caro el acceso al crédito para aplicarlo a inversiones productivas, generar valor agregado y crear empleos genuinos.

Si realmente se quiere apoyar al empresario argentino generando una economía competitiva, primero se debe resolver entre otras cosas el acceso y el costo del crédito. El panorama es el siguiente: la tasa de interés para préstamos en pesos en Argentina está por encima del 30% (que incluye inflación y costo del dinero). En cambio, un inversor de los EEUU, por ejemplo, consigue dólares a tasas menores del 5%, y puede realizar inversiones productivas en nuestro país, ya que el dólar sube menos que la inflación. Se generan así distorsiones que quitan competitividad a nuestros empresarios en nuestro propio país. Esta es la realidad que enfrentan hoy los que quieren invertir.

Control de precios y salarios

Poder controlar la suba de precios y salarios será el desafío para el próximo año. La Consultora Ecolatina dijo en un informe reciente: “Dado que no esperamos mayores cambios en materia de inflación antes del arranque de las paritarias del 2012, estas tendrán un rol crucial para lograr la convergencia: la pregunta clave a dilucidar es si los trabajadores agremiados aceptarán subas cercanas al 20% o si van a negociar en base al pasado o al futuro”.

Entre las razones que tienen los gremios para solicitar mayores subas, podemos citar:
a) la disminución de los subsidios a los servicios públicos, que si son progresivos no incidirán tanto en los costos, ahora si se eliminan totalmente, aumentarán las tarifas;
b) las expectativas de inflación que estiman serán altas, y
c) la relación conflictiva entre el Gobierno y el líder de la CGT, que pueden aclararse después de las elecciones de junio de 2012 o negociando la suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias.

Por otro lado, los argumentos para lograr un menor incremento de salarios son:
a) que durante el 2011 la suba de sueldos superó a la inflación, en algunos casos;
b) que la recesión en los EEUU y la crisis en Europa pueden provocar en 2012 una baja de los precios internacionales y una disminución en la generación de empleos, y
c) que se prevé que la inflación de 2012 sea menor que la de este año.

Cambiaron los tiempos

Hoy la situación es más compleja que años anteriores ya que los empresarios confirmaron la desaceleración de la economía y el Gobierno, con la suba de la tasa de interés, la eliminación de los subsidios, la moderación en su política de gastos, y un panorama externo no muy optimista, da señales de que el crecimiento será menor al de años anteriores. El Gobierno quiere mantener alto el consumo interno. Antes lo hacía con el excesivo gasto público, pero debido a las causas analizadas se debe trasladar el paradigma a uno nuevo y jugar con nuevos actores. Entiendo que solamente nos queda la generación de fuentes de trabajo incentivando las inversiones y cuidando a nuestros emprendedores para que puedan crecer.

Lograr un “modelo productivo” apoyado en la industria es el objetivo de la Presidenta en esta nueva etapa. Quizás el término “sintonía fina” refiera a que para lograr ese objetivo necesitará de los empresarios. Y esa no es una definición menor.

Los Incas y el medio ambiente

RICARDO N. ALONSO,Geologo, 21 de nov 2011, para El Tribuno

Perú y Bolivia, que fueron el centro de extracción de oro y plata durante el dominio español, pasaron a depender, a mediados del siglo XIX, del comercio del guano. Los excrementos de aves marinas de la costa peruano-boliviana alcanzaron tal valor en Europa como fertilizantes, que su dominio -junto al de los nitratos-llevó a la Guerra del Pacífico de 1879. A consecuencia de ello, cambió el mapa geopolítico de la América del Sur, con el avance de Chile sobre el desierto de Atacama y la consecuente pérdida del litoral para Bolivia y de las provincias australes para el Perú.

La formación del guano tiene que ver con especiales causas biológicas y geológicas. La actual costa norte chilena y sur peruana es el teatro del intercambio oceanográfico entre la corriente fría de Humboldt, de origen antártico, y la corriente cálida ecuatoriana. La primera es riquísima en nutrientes y pobre en fauna, mientras que la otra es exactamente lo inverso. Por ello, y a expensas de los caldos orgánicos microscópicos, se desarrollan enormes cardúmenes de peces plateados que atraen y sirven de alimento a inmensas colonias de aves marinas que viven en la costa e islotes próximos.

Sus excrementos se acumulan en capas que crecen continuamente en razón de la hiperaridez de la región. No hay que olvidarse de que se trata del desierto más árido del planeta, donde a causa de la elevación de los Andes -que actúa de barrera a los vientos húmedos- y otras razones climáticas, no ha llovido en los últimos millones de años. Gracias a ello, el guano ha podido acumularse hasta alcanzar grandes espesores, convirtiéndose en la parte más profunda en una materia mineral donde se observa cristales de oxalatos, carbonatos, cloruros y sulfatos de amoniaco, así como ácido úrico. El guano de aves marinas es el mejor fertilizante natural conocido, a causa de sus equilibradas proporciones de nitrógeno, fósforo y potasio. Esto lo sabían muy bien los incas, quienes lo explotaban sin alterar a las aves ni el equilibrio ecológico y lo usaban para abonar sus tierras. Garcilaso de la Vega escribió sobre el tema en 1604, acerca del uso del abono y el celo en cuidar a las aves productoras del estiércol “so pena de la vida”.

Los incas cuidaron sus aves y fueron buenos ecologistas o defensores del medio ambiente, como diríamos ahora. Hicieron también una red vial a través de todo el imperio desde Ecuador hasta Mendoza, con epicentro en el Cuzco. El Altiplano y la Puna están llenos de los “caminos del inca” que en muchos casos pasan por yacimientos mineros que ellos descubrieron o explotaron. Los incas fueron grandes mineros y tuvieron una metalurgia descollante. Pedro Cieza de León cuenta en 1535 que cuando llegó al Cuzco encontró un galpón lleno de barretas de cobre que los incas usaban en las faenas mineras. Los incas tenían un léxico abundante para designar los distintos minerales, herramientas, tipos de labores y formas de beneficio.

Llamaban así “cori” al oro, “colqui” a la plata, “llimpi” al mercurio, “anta” al cobre, “tacana” al sulfuro de plata, “soroche” al sulfuro de plomo argentífero, entre otros. El orden en que utilizaron los metales en la región centroandina fue: primero, los minerales preciosos oro y plata, además de cobre, y luego, los bronces en distintas aleaciones arsenicales y estanníferas. Además los incas adoraban los baños en las aguas termales (Incachule, cerca de San Antonio de los Cobres, significa justamente “baños del inca”). Las aguas eran lugares especiales de descanso y, por ello, los caminos incaicos las unían. Los españoles, so pretexto, desconfiaron de los manantiales termales, aduciendo que las aguas sulfuradas y su olor a azufre les recordaban el Averno.

Ahora bien, los españoles que conquistaron Perú encontraron un territorio feraz que había sido transformado en un vergel por el hombre andino. Los incas y sus predecesores vivían en armonía con la naturaleza, siguiendo claras pautas ecológicas en lo que a conservación y manejo de los suelos y las aguas se refiere. Cuidaban celosamente el medio ambiente. Prueba de ello son las increíbles andenerías que se observan por doquier, cuando se recorre el país.

Los andenes fueron la solución inteligente para poder desarrollar cultivos en las escarpadas laderas montañosas. Los andenes consistían en un muro de piedra vertical y el relleno del espacio entre este y la ladera del cerro hasta lograr una superficie horizontal. La construcción se hacía levantando paredes verticales de piedra, rellenando luego el espacio vacío con cascajo, en la parte inferior, y tierra, en la superior. Los muros de contención tenían un frente que, en muchos casos, era de piedra labrada y que demuestra un esmerado trabajo de cantería.

Cuando se observa un andén derruido, es sorprendente ver cómo estaba compuesto su interior. Se trata de la reconstrucción artificial de un suelo verdadero, donde existen una serie de capas estratificadas que evidencian hasta qué punto manejaron la ciencia de la edafología. Así, arriba del cascajo grueso usado como relleno, se disponen unos 60 cm de “tierra”, diferenciada en varios horizontes. Hay capas de arcilla para impermeabilizar y prevenir un drenaje demasiado rápido del agua y capas de materia orgánica abajo y de tierra agrícola en la superficie. Los suelos eran preparados de acuerdo con las regiones y los cultivos que se quería realizar. Las cenizas volcánicas, que a veces constituían parte del terreno, el guano de las aves y los excrementos de camélidos se utilizaban como fertilizantes.

Los andenes respetaban las curvas de nivel, siguiendo un riguroso trazado geométrico. Ello prueba, por un lado, que manejaban técnicas topográficas y, por otro, que tenían claro el problema de la erosión. La erosión es, precisamente, uno de los flagelos de los suelos cultivables del hombre moderno. Además, el sistema de regadío, con el agua bajando gravitatoriamente desde un andén superior a otro inferior, permite ver cuán ajustados estaban los mecanismos de irrigación.

En este sentido, son dignos de apreciar los trabajos de canales, algunos de varias decenas de kilómetros de longitud, que les permitían llevar agua desde las vertientes en las montañas a lejanos sembradíos. Maravilla todavía observar la ligera pendiente de los canales, las obras de arte para sortear escollos, el frenado y acelerado del agua según las circunstancias, que prueba los acabados conocimientos de las ciencias hidráulicas con que contaban los antiguos pueblos peruanos. A ello debe sumarse los trabajos de captación de agua subterránea o las excavaciones (cochas) para acercar los cultivos al nivel freático, todo lo cual se observa en regiones áridas. Los pueblos andinos alcanzaron un alto grado de desarrollo en cuestiones agrícolas y prueba de ello son el millón de hectáreas de andenería que dejaron a la posteridad y de las cuales se aprovecha actualmente una mínima parte.

En verdad, impresiona pensar en la cantidad de energía humana que fue necesaria para llevar adelante las obras, lo cual fue posible por el empleo organizado de la mano de obra, llamado “mittani”. Los incas y sus predecesores fueron excelentes ingenieros, geólogos, arquitectos, agrónomos e hidráulicos, con ideas ecológicas claras, cuya ciencia debería hoy recuperarse en orden a salvar miles de años de experiencia empírica.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Tecnología y educación - Parte 1

Lic. félix González Bonorino, Sociólogo, 29 sept 2011, El Cronista del NOA

Hace pocas semanas me visitó un sobrino llegado de los EEUU. Gastón, así se llama, siempre fue volcado a la tecnología, así que cuando comenzó a desempacar tenía más aparatitos que Garbarino. Teléfonos, notebooks, iPad iban saliendo a medida que quería contar algo, mostrar fotos, pasar música que tenía archivado en alguno de estos adminículos. Dentro de este menú de miniaturizados peló un Kindle.
Yo también soy bastante informático, por lo que lo conocía desde 2007, año de su lanzamiento al mercado de EEUU, aunque nunca lo había tocado. Para quienes no lo conocen, se trata de un soporte para libros electrónicos de Amazon, la mega tienda virtual que comenzó con los libros y hoy te vende hasta cerveza.
Todos los de nuestra generación nos educamos con libros, nos distrajimos con libros y nos rompimos las espaldas con libros, algunos de los cuales eran soberanos mamotretos. Ir a una biblioteca para estudiar de libros que si no era imposible conseguir, ya sea por su precio o porque estaban agotados en las librerías, era algo normal para un estudiante universitario. Los profesores se ocupaban de solicitar libros que estuvieran en la biblioteca y si no estaban recibían un llamado de atención del centro de estudiantes respectivo. Así era la cosa. Detenernos horas en la calle Corrientes de Buenos Aires, revolviendo entre los viejitos a $5 era la oportunidad de pasar un fin de semana de lectura divertida.
Los libros en su forma actual han permanecido en nuestra civilización desde el Alto Medioevo, época en que los monjes copiaban a mano los escritos realizados también a mano, con pluma de ganso y cortaplumas (de allí viene el nombre de nuestro actual adminículo de camping y se utilizaba para recuperar, mediante un corte al bies, el trazo de la pluma que se iba deformando a medida que avanzaba la escritura sobre el papel), por los autores de la época, en general ensayos y reflexiones religiosas, pero también poesía, música e incluso algunas novelas como “La Chanson de Roland” de fines del S.XI.
La aparición de la Imprenta de Gutemberg en el S. XV, con sus tipos móviles, le dio al libro su forma actual. Desde entonces hemos mejorado la calidad del papel, de las tintas, de los encuadernados, las imprentas, el offset, las composiciones informáticas, las imprentas laser, etc. es decir, hemos mejorado cada una de las partes físicas de un libro y de su proceso de impresión, pero el libro se mantuvo igual. “The song remains the same” diría Led Zeppelin.
Hasta ahora. Y aquí volvemos al Kindle.
Los libros electrónicos no son nuevos. Como simple ejemplo, el Proyecto Gutemberg, que consiste en la puesta a disposición de todo el mundo libros a través de redes informáticas, que luego serían la web, data de principios de los ’70. Yo conocí el Proyecto a mediados de los ’90 y ya tenía miles de libros digitalizados, la mayoría en ingles. Entre medio me debo haber leído unas cuantas decenas que he bajado a mi computadora. Pero lo que no había era un soporte apto. Un medio “amigable” que pudiera rivalizar con un buen libro. Leer desde la pantalla, incluso de una notebook, era un suplicio. Y sin ver el adminículo, sin tenerlo en la mano, pensaba que este tampoco cumplía con esta cualidad.
Es que las letras en una pantalla terminan agotando a la vista, incluso en las muy mejoradas pantallas LED. Vaya sorpresa, resulta que esto es diferente. Parece papel, no es broma. Es la tecnología de Tinta Electrónica creada por el MIT que no tiene retroiluminación.
Gastón, mi sobrino tecnológico, ha sido desde pequeño un ávido lector, de esos que en lugar de ver tele, leen. Si ya sé que casi no los conocemos, pero alguien seguro que se los contó. Bueno, yo tuve suerte y lo vi, son bastante normales le digo. La gran pregunta era cual era su diagnóstico sobre la tableta. Y fue muy franco. “Hace un año y medio casi no toco un libro de papel y sabés cuantos libros tengo ahí adentro, cerca de 1500” (habrá leído 20, pero ahí están) La biblioteca tenía 23 x 18 cm y medio cm de espesor. Afortunadamente ya hay cientos de miles de libros digitales en inglés y decenas de miles en español.
Aunque parezca, esto no es una publicidad del producto de Amazon, que por otro lado no es el único, también están Kobo, Sony Reader, Nook, iPad, Papyre, booq, entre otros, con sus diferentes tecnologías. Lo que quiero reflexionar es sobre las implicancias.
Un estudiante de Medicina ingresa a la Facultad, se anota en las materias de primer año y pasa por la Biblioteca o la librería. Paga una tarifa y retira un Kindle, sigo con el ejemplo, con toda la bibliografía necesaria para la carrera. Toda en un aparato que pesa 300 g y puede costar 150 dólares. O todos los tratados de Derecho, de Ingeniería o de Arquitectura. Si el alumno carece de recursos aplica a una beca que le cubre este costo, beca que pueden financiar empresas filantrópicas. Se trata de un enorme igualador de oportunidades. Los centros de estudiantes, con su curro de las fotocopiadoras tiemblan.
Pero claro, para llegar a la universidad hay que superar el primario, incluso aprender a leer y resolver cuentas básicas. Nuevamente, ¿Cuánto costarían los manuales que entregan los gobiernos si fueran electrónicos? ¿Cuántos cuadernillos de trabajos prácticos en lengua, matemáticas, naturales, sociales, música y otros se pueden hacer e incorporar a la pequeña tableta? Se decide modificar alguna información en el manual: un clik y listo, un archivo es reemplazado por el otro. Chau Falklands. Buen día Malvinas Argentinas.
El niño está en 7º grado e ingresa al Secundario, (por suerte nos devolvieron nuestros queridos nombres para la escuela). No hay problema, se acerca a la escuela, o se conecta a la web y allí le recargarán su tableta con los manuales, cuadernillos, libros de lectura, música, etc. correspondientes a sus materias de Primer Año.
El niño se encontraría con todo el material que necesita y además estaría presentado de manera moderna, como el tendrá que utilizarla en su vida laboral y social en el futuro. Por supuesto que queda a resolver el problema de los derechos de autor y esas cosas, que son todas manejables.
Se trata de un cambio conceptual. No puede ser solo cambiar el soporte. Solo pasar a tener una biblioteca compacta, cosa que ya es bueno. La nueva tecnología permite nuevas oportunidades. Comunicarse en red con otros compañeros o con el profesor, integrar al libro imágenes que se pueden buscar en la web en el momento, utilizar la tableta como editor de texto y otras cosas, bueno, todo lo que hacemos en nuestros trabajos, pero que no hacen nuestros alumnos, en definitiva el sistema educativo debe preparar a los alumnos para ingresar al mercado laboral de hoy, no del Medioevo.
El mundo va en este sentido. Hay que subirse pronto.

Jaime Dávalos y su "Zamba de los mineros"

RICARDO ALONSO,Doctor en Ciencias Geológicas, 26 sept 2011, El Tribuno

El salteño Jaime Dávalos (1921-1981) fue un poeta profundo, de amplio espectro creativo, politemático. Su poesía hurgó en las raíces del hombre, de la tierra y del cosmos. En su obra encontramos permanentes referencias a lo telúrico, a lo geológico y a lo mineral. Veamos si no los admirables versos de la primera estrofa con que inicia la “Vidala del nombrador”: “Vengo del ronco tambor de la luna / en la memoria del puro animal, / soy una astilla de tierra que vuelve / hacia su oscura raíz mineral”. O en la estrofa del poema a la Puna, donde con escasos elementos configura, al mismo tiempo, un paisaje real y surrealista cuando dice: “La Puna, metal y cielo, / es suma de cielo y sal, / moliendo en el viento blanco / el esqueleto del mar”. También frases que definen en pocas palabras la geografía continental como aquella de “la copla bajó por sobre el geológico espinazo cordillerano del continente, atando lenguas y corazones, fijando un alma y un idioma comunes, poniéndole palabras a nuestros desmesurados silencios planetarios”. En fin, hay estudios académicos precisos sobre la poesía de Dávalos que interpretan la profundidad de su pensamiento como los excelentes trabajos de Mercedes Puló de Ortiz y de Irene Noemí López, entre otros.

En este artículo me interesa profundizar sobre la historia de la “Zamba de los mineros”, que escribió Dávalos y a la cual le puso música nuestro inmortal “Cuchi” Leguizamón. Zamba que ha sido cantada por grandes intérpretes en escenarios nacionales e internacionales, entre ellos y de manera sublime por Mercedes Sosa. Pero también por el riojano Chito Zeballos, al igual que Jorge Cafrune, Bruno Arias, Chany Suárez, Patricio Jiménez, Enrique “Chichí” Ibarra, el Dúo Coplanacu, Juan Falú y tantos otros. Fuera del ambiente artístico es la zamba que se convirtió en el “himno de los mineros” y en tal sentido se la canta en muchas de las peñas que se realizan en los congresos o reuniones geológicas.

En 1999, al finalizar la cena de un seminario de minería del que participamos argentinos de la mayoría de las provincias cordilleranas y que se llevó a cabo en la Universidad de Texas, en los Estados Unidos, el representante de Jujuy y a la vez geólogo, minero y cantor, César Lizárraga, actuó como maestro de ceremonia y puso a cantar la famosa zamba a todos los presentes.

Gran sorpresa de los académicos americanos, que no entendían la letra pero sí la fuerza de la entonación y la extraordinaria libación de los presentes. Decía que la zamba tiene una linda historia que escuché en alguna tertulia. Se cuenta que Jaime Dávalos fue invitado por amigos mineros salteños que habían hecho contrato para explotar las minas de oro de Culampajá en Catamarca.

En una estanciera de la época viajaron por Cafayate, Santa María y Hualfín hasta Corral Quemado, en una travesía que duraba al menos un par de días. En Corral Quemado hicieron campamento en el almacén de ramos generales de don Marcelino Ríos. Los mineros partieron hacia la montaña y Jaime decidió permanecer allí el tiempo que durara la misión. Cuentan que el paisaje, las historias del oro que contaban los parroquianos que acudían a la pulpería de Marcelino y el rico vino morado, lo fueron inspirando para escribir la zamba.

Refieren también que la adición se hizo por demás onerosa y que cuando estaban listos para volverse a Salta, Marcelino se encargó de recordarles lo que le debían, a lo cual Jaime le dijo que cómo les iba a cobrar si él con la canción que escribiría en su honor lo iba a hacer famoso. Hombre práctico, don Marcelino ejecutó la cuenta olvidándose de la supuesta y futura fama.

Con los años, se vio cumplida la profecía en la medida que llegaban los viajeros a Corral Quemado a preguntar por lo de Marcelino Ríos, “­el de la zamba de los mineros de Dávalos y Leguizamón!”. Veamos lo que dice la zamba: “Pasaré por Gualfín / me voy a Corral Quemao / a lo de Marcelino Ríos / para corpacharme con vino morao”. Deja entrever que viene desde el norte y que va a lo de Marcelino a corpacharse con vino morado. El mismo Dávalos aclara que “corpacharse” es espiritarse con alcohol, componer el cuerpo. Luego dice: “Yo soy ese cantor / nacido en el carnaval / minero de la noche traigo / la estrella de cuarzo del Culampajá”. Resulta del mayor interés la metáfora de los dos últimos versos.

Las minas de Culampajá son vetas de cuarzo aurífero a 3.600 msnm. Se explotaron desde tiempos antiguos en galerías subterráneas. Cuando dice que el minero trae de la noche se está refiriendo a la absoluta oscuridad de los profundos socavones. El cuarzo suele presentarse en cristalizaciones perfectas en huecos llamados drusas o geodas. Esos cristales debieron de sugerirle a Dávalos una estrella de cuarzo comparable a las estrellas del firmamento en la noche oscura del cosmos. La tercera estrofa dice: “Molino del Maray, / que muele con tanto afán, / Marcelino pisando el vino, / Paredes, el oro de Culampajá”. Aquí también realiza una comparación analógica entre don Paredes, el minero que muele el oro en un molino indígena de piedra llamado Maray, y don Marcelino que pisa uvas tintas para hacer el vino patero. La última estrofa dice: “Yo no sé, yo no soy / andoy porque andoy nomás. / Cuando a mí me pille la muerte / tan solo la zamba me recordará”. El famoso estribillo de la zamba reza así: “­La zamba de los mineros! / ­Tiene solo dos caminos! / Morir el sueño del oro / Vivir el sueño del vino”. Oro y vino, minas y mineros, vida y muerte, recuerdo y olvido, conforman el teatro del mundo que Dávalos desentraña desde su privilegiada posición de poeta cósmico. A mediados de septiembre de 2011 viajé especialmente a Corral Quemado, un pequeño oasis en las áridas montañas catamarqueñas, a buscar las raíces de la “Zamba de los mineros”. La vieja casona de Marcelino Ríos se conserva pintada de rosado, pero ahora es casa familiar.

Don Marcelino está enterrado en el primer panteón del cementerio. Su hija Eulalia Ríos, que fue directora de la escuela, falleció hace un par de años. Las minas de Culampajá están abandonadas. La memoria de aquellos hechos se borra lentamente, pero la zamba está viva, proféticamente viva, como la soñó nuestro eximio poeta Jaime Dávalos, allá lejos y hace tiempo.

martes, 27 de septiembre de 2011

Sarmiento, un torrente vital

Gregorio A. Caro Figueroa, Sept 2011, para "Todo es Historia"

En un país donde casi todo estaba por hacer, Sarmiento se propuso hacerlo casi todo. Terminó haciendo lo que pudo, o lo que la época y los retardatarios no le pudieron impedir hacer. Las más de las veces, hizo contra todos los que se sentían desbordados por la desmesura de su talento, por su independencia y su voluntad.

A dos siglos de su nacimiento, su vigorosa personalidad no puede ser negada, aunque sea distorsionada por dos miradas divergentes que en algún punto se tocan: en el recelo a su impulso transformador. A veces, el denuesto ahoga la admiración. A veces, el panegírico rebaja el genio.

Una, despojándolo de su carnalidad y rebeldía, lo recluye en un silencioso panteón laico: es su “jornal de veneraciones”. La otra, atontando su genio y sus ideas, lo erige como clamoroso paradigma de lo extranjero y lo antinacional: es su “jornal de injurias”.

Aún se mueve esa mano que escribe historia menospreciando o expulsando de sus páginas a este eminente “testigo de la patria”, como dijo Borges, y al “más profundo de nuestros criollos”, como señaló Luis Franco. Parece políticamente correcto manipular o recluir en el desván los Bicentenarios: 1810, Alberdi y Sarmiento, fechas y nombres del maldito liberalismo criollo.

La sola mención de su nombre polarizó actitudes en su vida, y las siguió polarizando mucho después de muerto. Ambas coincidieron en equivocarse simplificando a Sarmiento. Coincidieron en el propósito de embalsamar a un hombre cuya vitalidad fue más allá de panegiristas y detractores.

Recordamos a Sarmiento, nacido al año y tres meses de la Revolución de Mayo, en San Juan cuando éste era un pequeño caserío de tres mil almas dibujado en unas pocas manzanas que se acurrucaban en torno a la plaza principal.

Nació en esa aldea llamada ciudad, la más importante de la región de Cuyo. De origen humilde, su padre era un arriero de mulas y su madre, pobre-decente heredera de una “menguada herencia”, accedió a la educación primaria al resquebrajarse el orden estamental y sus prejuicios sobre el color de piel, intactos en la vida lugareña.

En aquella periferia de un país en ciernes, surgió un joven que leyó con admiración la ética del esfuerzo que brotaba de la vida de Benjamín Franklin. Que una mente tan fértil y una voluntad tan robusta hayan salido de esa aldea, prueba que es verdad que “puede haber países subdesarrollados pero no inteligencias subdesarrolladas”, como anotó Octavio Paz.

Sarmiento se abrazó a las ideas como modo de asir parte de esa realidad aún en gestación: un espacio territorial infinito, desértico pero dotado ricamente por la naturaleza. Admiró en Franklin “el ejercicio de la inteligencia como instrumento de trabajo”. Condenó la indolencia: “Lo que más degrada a una sociedad es el desprecio al trabajo”.

Nada más falso que ver en Sarmiento un ideólogo carente de sentido práctico y fantaseador. Amasó el presente con ideas y barro, mirando el horizonte. Tenía impaciencia por realizar sus intuiciones. Creyó que esa fuerte voluntad podría sacudir el ambiente, renovando tradiciones. Labró un duro terreno donde el reconocimiento se mezquina y llega tarde.

Sin fortuna, sin partido, sin redes familiares y sin armazones políticas, Sarmiento se modeló a sí mismo: fue autopropulsado. “Nunca fui un político. Mi propósito, aún desde joven, era construir una república”. Confesó: “En política soy siempre maestro de escuela”. No se plegó a los rumbos de la opinión pública: trabajó, pensó y escribió para orientarla hacia nuevos caminos, expresó.

Explicó: “Quisiera que entremos en la realidad de la república, a saber que las elecciones fuesen reales, que la representación fuese real, que el poder fuese real. Algo más querría y es que la moral también forme parte de la política”.

Esa república imaginada debía ser una gran escuela porque “las escuelas son la democracia” y el único escudo de nobleza es el que otorgan la capacidad y el mérito. Es obligación de los gobiernos “educar al pueblo sin distinguir al hombre de la mujer, ni al chino ni al mulato de los que se llaman nobles, ni al hijo legítimo del ilegítimo”, señaló.

“La educación es un capital puesto a interés por las generaciones presentes para las futuras”; la instrucción primaria gratuita para todos es un derecho, observó un siglo antes que los expertos internacionales en educación advirtieran que la educación no es un gasto “sino una inversión altamente retributiva”, anotan Gregorio y Félix Weinberg.

Provocó deliberadamente lanzando rayos para sacudir ese ambiente rutinario, demasiado ocupado en rumiar en viejas creencias. Comenzó por educarse a sí mismo y jamás dejó de hacerlo. Puso empeño, con “la paciencia y tenacidad del presidiario”. Se abrió a la humanidad aunque su carácter argentino es más auténtico que el de muchos de sus detractores.

No fue un encandilado admirador de Europa ni propuso jamás el plagio de esa sociedad que conoció y a la que criticó sin concesiones, por sus injusticias y su atraso. Captó con sutileza las diferencias entre el Viejo Mundo y la sociedad que se estaba modelando en Estados Unidos.

“No hay principios norteamericanos, como no los hay franceses. Hay los derechos del hombre, y los progresos de la inteligencia humana universal que piden su aplicación en todos los puntos de la tierra”, observó mucho antes que se hablara del carácter universal, integral, indivisible e interdependiente de esos derechos.

Descubrió que la democracia allí no tenía sólo su fundamento en la igualdad de oportunidades o en un equitativo acceso a la riqueza, a la tierra y al ahorro, sino porque el pueblo norteamericano participaba en la vida de la Nación a través de una red de asociaciones civiles.

Sarmiento buscó situarse en una dirección que tenía sus distancias con el revolucionarismo que en Europa había dado frutos agrios, y del conservadorismo que había afianzado en la Argentina a un sector pequeño de gran poder económico y de poder político.

Quería pues hacer un país moderno difundiendo no sólo la educación para formar ciudadanos, sino también facilitando el acceso a la propiedad y distribuyendo la riqueza, cimientos de una democracia política estable. “El peor enemigo de la educación popular en nuestra América son las clases cultas”, denunció.

No sólo quería difundir la lectura y escritura. Su idea fue más amplia. Sembró bibliotecas públicas y vio con claridad que el trabajo era un factor de formación que no podía separarse de la instrucción intelectual. “De la educación de las mujeres depende la suerte de los Estados”.

Sarmiento fue la contradicción viva. Precisamente porque era una inteligencia rebosante de vida. Sarmiento es “un lujoso espectáculo de energía bullente”. Eligió ser provinciano en Buenos Aires y porteño en provincias.

Fue un liberal no conservador que usó la imprenta, dirigió periódicos, divulgó la ciencia, trepó al caballo y se alistó en ejércitos. Arremetió contra España, de modo español, observó Unamuno. Octavio Amadeo advirtió que en Sarmiento “las ideas tenían uñas, pelos y dientes”.

Conducta, austeridad, defensa y sostenimiento de la democracia, logro del bienestar general, crecimiento económico, paz entre los argentinos. Esos valores no están anclados en el pasado: son parte de nuestro horizonte de expectativas. Este grande, común y solitario hombre, vivió y sufrió por el país que le tocó en suerte por patria.-

Corregir distorsiones

Por Julio Moreno, Contador Público, 14 sept 2011, El Tribuno

Me he sorprendido gratamente al escuchar de nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en sus recientes discursos ante distintos sectores vinculados con la producción, el pedido de que “la ayuden a corregir distorsiones”, ratificando además el famoso y controvertido “modelo económico”.

A pesar del apoyo que recibió en las pasadas elecciones primarias y con la posibilidad cierta de obtener aún más votos en octubre, podemos interpretar que esos dichos son solo mensajes de campaña. Es que ella solamente menciona los logros alcanzados en nuestra economía, pero no aclara cómo solucionará los problemas como la inflación, los subsidios o la pérdida de competitividad.

Con respecto al modelo, quiero hacer algunas reflexiones que quizá contribuyan para aclarar las discusiones entre los economistas. La mayoría de ellos sostiene que “está agotado”, y aconsejan realizar ajustes, pero están los que entienden que puede seguir profundizándose.

Si entendemos que profundizar el modelo significa consolidar el proceso de industrialización a través de la sustitución de importaciones, avanzar en la diversificación y el crecimiento de las exportaciones y que esto genere altos niveles de empleo y mejores condiciones de vida de los trabajadores, creo que nadie estará en desacuerdo con la frase “profundizar el modelo”. Ahora, si no se cumplen con estos objetivos, entendería que el modelo sí está agotado.

Además, escuchamos de nuestra Presidenta proyectos como los llamados “Planes 2020”, que incluyen propuestas para mejorar las cadenas de valor en los sectores industriales y agroalimentario, y el probable ingreso del plan energético, completando estos anuncios con mensajes optimistas y factibles. Entre ellos están:

a) que, a fines de esta década, la Argentina duplicará su producto bruto industrial;
b) que aumentarán las exportaciones de manufacturas;
c) que la producción total de granos se incrementará en más de un 60%;
d) que las exportaciones de alimentos pasarán los 100.000 millones de dólares;
e) y que la inversión privada ascenderá al 28% del producto bruto interno (PBI).

Es evidente que son todos deseos y proyecciones. Pero necesitamos saber cosas concretas que hoy nos preocupan. Por ejemplo, si seguirán las trabas a las exportaciones como las vigentes en trigo, maíz y carne, o si se mantendrán las trabas para importar insumos industriales, si la política cambiaria -que influye en la determinación de los precios en dólares-será la misma, si la presión tributaria seguirá siendo tan alta o si aumentará o bajará el excesivo gasto público, entre otras.

También nos hacemos preguntas como si al crecimiento económico lo acompañará la producción energética o si los costos para importar combustibles y gas se trasladarán a las tarifas o seguirán subsidiadas. Es que aún no encontramos las medidas que nos expliquen cómo haremos para materializar los anuncios.
Hay temas que no se tocarán, como por ejemplo cómo se combatirá la inflación o si el Indec seguirá aplicando el mismo criterio de medición. Debe ser porque estamos en campaña.

Mejorar el tipo de cambio

En el marco de la política cambiaria, uno de los temas que más desvela a los empresarios es mejorar el tipo de cambio para que sea competitivo ante la elevada inflación en dólares que padecemos. Tendría que haber alguna explicación.

Recordemos que se debe cumplir con el compromiso de consolidar el proceso de industrialización y desarrollo en el país. Es necesario articular todos los instrumentos de política económica para que los procesos de industrialización, de sustitución de importaciones y de crecimiento de nuestras exportaciones sea una realidad. Y aún no sabemos cuáles serán los instrumentos de política económica que se aplicarán para cumplir con estos objetivos.

Para mejorar el tipo de cambio me he permitido analizar tres formas de hacerlo que no quiere decir serán las utilizadas, pero servirán para explicar caminos alternativos para cumplir con este objetivo.
La primera es devaluar, es decir, con un dólar se podrán comprar más pesos. Con esta medida se logrará en forma rápida mejorar la competitividad, porque recibiremos más dinero por nuestros productos. La experiencia nos dice que esta medida es inflacionaria, ya que todos los precios en Argentina están cotizados también en dólares, y si el valor del dólar aumenta aumentarán también los precios en pesos, necesitando nuevamente volver a devaluar.

Esta medida debería ir acompañada de recetas para disminuir la inflación, como por ejemplo bajar los gastos del Estado, aplicar un estricto control de precios y controlar las importaciones para que los precios de las mismas no perjudiquen a la industria local.

La segunda medida sería aplicar un sistema de cambios múltiples, que consistiría en mantener un tipo de cambio para las exportaciones y otro para las importaciones, dejando la cotización del dólar billete en una flotación controlada como hasta ahora. Con esta medida se podrá incentivar las exportaciones de determinados bienes o servicios producidos en Argentina, promover las importaciones de bienes de capital para adquirir tecnología de punta y castigar con una cotización alta la importación de bienes que perjudiquen a nuestra industria local.

La tercera sería implementar un esquema de subsidios o disminución de retenciones a las exportaciones e instrumentar un sistema de gravámenes o derechos a las importaciones de productos que compitan con nuestra industria. Con esto se podría lograr competitividad sin tocar el tipo de cambio.

Estas son solo sugerencias que ayudarán a explicar el “cómo hacerlo”, que es solo uno de los temas que requieren urgente definición del Gobierno para lograr un tipo de cambio competitivo. De más está decir que no es el único tema que preocupa.

En plena Pandemia, ¡A reformar la Constitución se ha dicho!

Lic. Félix González Bonorino Sociólogo Nos llega la noticia de que el Gobierno Provincial ha pesentado su propuesta de modificac...