martes, 4 de octubre de 2016

Me lo dijo el almacenero que de sobrevivir sabe

Félix González Bonorino

A Julio Moreno siempre le tengo que agradecer que escriba sobre temas interesantes desde una posición que, en general,  no comparto, lo que me permite disentir con él y juntarnos en un bar y seguirla, tratando, no de convencer, sino de poner a prueba los planteos que nos llevan a nuestras opiniones. En ese sentido siento que sus artículos interpelan, porque su personalidad me lo permite.



Referido a “El costo argentino, un problema muy denso”

La primera frase es tal vez la clave de todo el asunto, porque en realidad ¿Qué es el éxito?, ¿qué es el éxito para un neoliberal, un populista (si es que al populismo se lo quiere asociar con el keynesianismo, palabra que es menos peyorativa) o un monetarista? ¿Lo definen de la misma manera?
Obviamente que la respuesta es NO, porque estas escuelas atienden objetivos diferentes. Por lo tanto, la definición instrumental de “Productividad” y/o de “dólar competitivo” será también diferente. Los conceptos no son neutros, son ideológicos y no definir el marco teórico desde el cual utilizo el mismo es un error muy frecuente.
El más simple de observar es el del dólar. Si nuestro objetivo es exportar, el tipo de cambio debe ser alto, de manera que sea barato para los compradores adquirir nuestros productos, por el contrario deberá ser bajo si queremos cerrar la economía a la exportación y aumentar nuestra capacidad de compra de bienes extranjeros (situación actual) ¿Cuál es el competitivo? ¡Ud. dirá! En función de la ideología desde donde este Ud. parado. No es lo mismo ser competitivo con commodities a ser competitivo con productos terminados y con centrales nucleares. 
Ahora bien, ¿Cómo afecta esto a la competitividad? Evidentemente en todo, porque el valor de referencia es el dólar, ese que decidimos “administrar” a nuestro gusto ideológico.
Me voy a saltear por ahora la cuestión de la inflación prevista para el futuro para continuar con el tema de la competitividad.
Una discusión se ha planteado entre el Gobierno y los empresarios, donde los primeros les tiran los precios de los productos sobre la mesa a los segundos y hacen las mismas comparaciones que hace Julio en el artículo. El asunto es que se comparan cosas distintas. Aún sin justificar la enorme diferencia existente, ya que en general es muy alta, se está comparando un producto promovido para que genere puestos de trabajo con un producto importado. Ni Perú ni Chile ni Colombia, hasta donde yo sé, fabrican televisores, optaron por la economía de intercambio de materia prima por bienes elaborados. Se trata de una opción. Argentina optó por un camino diferente, no inverso, como se pretende afirmar y metió dentro del concepto “productividad” la generación de puestos de trabajo.  
Argentina tiene otro nivel de desarrollo industrial que cualquiera de los países mencionados, Perú, Colombia y Chile están en los inicios de la industrialización por sectores y no son precisamente dentro de los comparados donde muestran avances. Tal vez se pueda considerar la industria textil en Peru y Colombia, donde han tenido y tienen desarrollos interesantes, la electrónica no es lo suyo. Entonces sobre la mesa se están colocando productos Chinos o de donde sea, donde la escala y la ideología que enmarcan la productividad son muy diferentes. Quiero decir, la comparación, aún sin justificar las enormes diferencias, es injustificada.
Es interesante como Julio “compra” el discurso oficial del costo laboral argentino, pero resulta que cuando vemos el impacto que tiene el mismo en la industria electrónica de Tierra del Fuego, el mismo representa un 6% del costo.
El trabajo Costos Laborales y Competitividad en la Argentina Contemporánea elaborado por Anahí Amar, Federico Pastrana y Soledad Villafañe, Dirección de Estudios y Coordinación Macroeconómica, SSPTyEL, MTEySS, en 2011, nos muestra que el costo laboral general medido en dólares, en 2010 ascendía al 63% del de 2001, es decir que aún era bajo respecto de aquel. Por supuesto que entre 2010 y el 2016 existe un lapso que analizar, pero se puede inferir que no debemos estar muy lejos de estos valores.
Luego viene un párrafo que me encanta porque nos presenta el decálogo del estadista. Yo parafraseo:  “Para mejorar la productividad se necesita: mejorar la tecnología de las maquinarias, disminuir impuestos, especialmente a las inversiones, reducir el nivel de ausentismo, bajar los índices de conflictividad, bajar la inflación, mejorar el acceso a los centros de producción, consumo, puertos y aeropuertos, proveer más energía, bajar costos en la cadena de comercialización, entre los más importantes”.
Resumiendo podemos decir: Reducir los costos laborales. Reducir los costos de flete. Reducir los costos de insumos básicos (energía y servicios). Reducir el costo inflacionario e impositivo. Reducir los costos de producción.
Lamentablemente se olvidó del costo más importante del esquema productivo argentino de los últimos 5 años (y en general de los últimos 40 años) y determinante de todo el resto: Reducir la tasa de interés. 
A esta altura supongo que a nadie le resulta una novedad que existe una discriminación respecto de la actividad industrial ya que la misma es cargada con cuanto impuesto se te ocurra, mientras que la actividad financiera no tributa en la misma medida. ¿Por qué? Cuestión de poder relativo supongo..

Allí tenemos otro caso interesante para comparar productividades. Estoy seguro que en 2016 la productividad en US$ y en pesos argentinos del sector financiero argentino ha sido mejor que el de cualquiera de los países mencionados y eso, cuando se analiza debe ser tenido en cuenta, porque nadie invierte para ganar 10 si puede ganar 30. Me lo dijo el almacenero que de sobrevivir sabe.Lo de la inflación, Te la debo.

Saludos

El costo argentino, un problema muy denso

Dr. Julio Moreno



El Tribuno, 4/10/2016 







Ninguna alquimia monetarista, neoliberal o populista puede tener éxito si no se aumenta la productividad y sin un dólar competitivo.
Son muchas las noticias sobre economía que se produjeron la semana pasada. Quizá la más sensible fue el anuncio del Indec sobre los índices de la pobreza en Argentina, y que en Salta son superiores a la media nacional. A pesar de la manipulación de los datos de la inflación y del ocultamiento de la pobreza, estos datos no nos tienen que llamar la atención ya que el Laboratorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) los viene proyectando en sus informes periódicos. Ahora los oficializa el Indec y ese es el punto de partida que asumió el presidente Mauricio Macri el mismo miércoles.
Pero, además, en los mismos días se supo que el empleo tuvo una nueva caída, aunque leve y que la actividad económica de julio cayó casi seis puntos. Es hora de analizar la economía argentina como un fenómeno fluctuante, con problemas estructurales, una caída comparativa que ya lleva cuatro décadas y con una enorme dependencia de factores externos, como los precios de las commodities y la suerte que corra el mercado brasileño.
En esta nota quiero comenzar por analizar las metas de inflación que el Gobierno nacional estimó para el próximo año en la presentación del presupuesto que hoy se está discutiendo en el Congreso. Allí se proyecta como meta una inflación del 17% anual. Me pregunto si será posible.
El presupuesto de este año (2016) tenía como meta de inflación un 25%, hoy, acumulada hasta setiembre llevamos un 33%, estimando que hasta fin de año se acerque al 40%. Reducir la inflación de un porcentaje tan alto al 17% será muy difícil y más en un año electoral.
Lo motivos: seguirá alto el déficit fiscal el próximo año; entre los rubros que no permitirán que disminuya podemos citar a los intereses de la deuda en pesos y dólares que debemos pagar, la disminución del 6% de los aportes que realizan las provincias a la Anses, del cual el poder Ejecutivo también se financia y la política restrictiva del Banco Central de la República Argentina. Además, aún no se conocen algunos precios relativos que incidirán en el nivel de precios el próximo año.
Entre los más importantes podemos citar a:
1) Salarios: desconocemos los incrementos de sueldos que se negociarán en paritarias y que posteriormente se trasladarán a precios, con el antecedente que el consumo ha disminuido en porcentajes cercanos al 10% en algunos rubros y esto no es un dato alentador para cualquier empresa radicada en nuestro país.
2) Tarifas de los servicios públicos: no se conoce con exactitud el incremento que tendrán; por mandato de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el precio del gas domiciliario se retrotrajo al mes de marzo de este año, ocasionando disparidades y desigualdades entre las distintas regiones, beneficiando fundamentalmente a los residentes en Capital Federal y Gran Buenos Aires.
3) Tipo de cambio: no es un tema menor y preocupa no solo al Gobierno sino a los empresarios y futuros inversores. Se ha instalado un fuerte debate en el país para determinar un precio del dólar que sea competitivo, ya que continúa siendo el "costo argentino" muy caro, imposibilitando a nuestros productores poder competir con artículos similares producidos en otros países.
Argentina, de acuerdo a comparaciones realizadas en los últimos cuatro años con otros países especialmente de la región, es el más caro en dólares y esto no es ninguna novedad.
Una empresa que vende electrodomésticos en varios países de la región ha realizado un comparativo cotizando en dólares algunos de los productos que venden en Argentina con el precio de los mismos en Chile, Colombia y Perú.
Por ejemplo, un televisor LED de 50 pulgadas en Argentina cuesta US$ 1.238; el mismo, en Chile US$ 546; en Colombia, US$ 646 y en Perú, US$ 768.
Zapatillas running, de primera marca, en Argentina, US$ 127; Chile US$ 63; Colombia US$ 98 y Perú US$ 68.
Tablet 8 GB, en Argentina, US$ 358; Chile US$ 207 y Colombia US$ 290.
Colchón de dos plazas, Argentina, US$ 135; Chile US$ 118; Colombia US$ 115, y Perú U$S 64, y así muchos más.
Realizando un promedio de los precios locales con el promedio de estos tres países observamos diferencias que van del 25% al 110%,
Como podrá observar estimado lector, realmente estamos muy caros en dólares y lo podemos determinar también al analizar la cantidad de turistas argentinos que visitan otros lugares fuera de nuestras fronteras.
Analizaremos estas variables con el objeto de ampliar el análisis del costo argentino; observamos por ejemplo que si a los salarios domésticos le sumamos factores como la tasa de ausentismo, cargas sociales y otros conceptos, según lo determinado por la consultora Abeceb, el costo en nuestro país está en el medio, ni el más caro ni el más barato, comparado con otros con economías similares.
Pero el problema se presenta cuando a estos costos los dividimos por la productividad en la fabricación de un bien y es en este análisis que observamos que Argentina a nivel global está entre los peores parámetros.
De acuerdo a esta fuente observamos que los costos en dólares por productividad y hora trabajada, es decir lo que producen en 60 minutos en algunos países son los siguientes:
Productividad: Irlanda, US$ 96,94; Estados Unidos US$ 87,67; Japón US$ 61,18; Francia US$ 36,36; España 27,38; China US$ 19,47, Chile US$ 15,92; México US$ 11,81; Argentina US$ 5,87, Brasil US$ 3,28 e Indonesia US$ 2,07, entre otros.
Si computamos las dos variables, "costo laboral" con "productividad" podemos obtener el costo total del trabajo que se necesita para fabricar un bien. Y analizando estos cuadros podemos también mencionar un ranking mundial del costo laboral unitario de manufacturas, medido en dólares: costo laboral: China 0,17; Estados Unidos 0,41; Chile 0,45; Turquía 0,85; España 1,03, Australia 1,63; Argentina 1,87 y Brasil 1,98.
En base a este análisis podemos determinar por qué nuestro país está muy caro en dólares.
La solución de mejorar la productividad no se resuelve de un día para el otro; se necesita mejorar tecnológicamente las maquinarias, disminuir los impuestos, especialmente a las inversiones, reducir el nivel de ausentismo, bajar los índices de conflictividad, bajar la inflación, mejorar el acceso a los centros de producción, consumo, puertos y aeropuertos, proveer de mayor energía, bajar costos especialmente en la cadena de comercialización, entre los más importantes.
Este no es un problema que se solucionará en el corto plazo, lo importante es que partiendo de un buen diagnóstico se fijen políticas de Estado que se mantengan en el tiempo y que cada gobierno tome conciencia de la necesidad que tiene el país si queremos jugar en las grandes ligas.

martes, 29 de marzo de 2016

PRESENTACIÓN DEL LIBRO GEOLOGÍA SOCIAL Y URBANA


Quedamos todos oficialmente invitados el Jueves 31 de marzo a las 20 hs. 
en la Cámara de Comercio de Salta, España 339 Salta Capital



lunes, 28 de diciembre de 2015

UNA VOZ ...., UN LLANTO ..., UN GRITO.






Prof. Pablo Courreges










Una voz...,un llanto...,un grito.                
Un niño ahogado...                               
Que no llega a la orilla.                       
En un mar ensangrentado de petróleo.                                                   
Una voz...,un llanto...,un grito...,        
de un Papa entre los lobos...                    
Que cae en la sordina global sacrificado 
en un  tour de compras.                                                
Otra Navidad y otro Niño...                 
que se renueva en la esperanza            
Cuya sonrisa escapa...                                 
a la riqueza concetrada por la avaricia y el odio de los pocos...                                                    
es el Niño que con su voz,su llanto y su grito 
desnuda la pobreza...                
en el prójimo invisible...                          
Una voz...son muchas voces.                        
Un llanto...son muchos llantos.                       
Un grito...son muchos gritos.

NAVIDAD ES TERNURA, MISERICORDIA Y PERDON



Felipe H. Medina
Lic. en Ciencias Religiosas
Director San Pablo Salta










La preparación de la Navidad y el Año Nuevo pone a todos  en un clima de fiesta, y esa tensión y emoción suele alterar nuestro ánimo. A veces para bien, y otras no tanto. Mueve la nostalgia de los seres queridos que se fueron, y somos invadidos por una  fuerte corriente consumista donde necesitamos comprar de todo hasta las cosas inservibles.

Si sumamos el costo de las fiestas y las exigencias impuestas por las costumbres y la sociedad de consumo entramos en un clima de nerviosismo que nos lleva a olvidar lo importante. ¿Qué es la Navidad?, ¿qué implica celebrar un año nuevo? nos deseamos felicidades y estamos pendiente de los amigos que hemos perdido convencidos de que ellos fueron culpables y la irritación nos lleva a generar conflictos con los cercanos, con quienes debemos compartir la mesa y los festejos.

La Navidad es la celebración del nacimiento de Jesús, príncipe de la Paz, es el rostro misericordioso de Dios Padre, y nos llama a la reconciliación y el perdón. Y el Apóstol Pablo, nos describe en la Carta a los Corintios como es el amor. Y si pensamos celebrar estas fiestas sería muy bueno que cada uno de nosotros se detuviera un momento a pensar. Hacer un alto en el camino, salir de la rutina y mirar lo recorrido durante el año. Rectificar caminos, corregir desaciertos, pedir perdón, perdonar y perdonarse. Sería muy bueno serenarse frente a tantas exigencias de consumo, y compartir las ideas de la fiestas con la familia o los amigos, con quienes vayamos a reunirnos. Evitar la irritación, los arrebatos de carácter, de voz, de gestos y vivir el amor plenamente. Eso es Navidad. Vivimos en una sociedad fraccionada, enfrentada por partidismos, ideologías, rencores y  envidias. Navidad es superar desde el amor generoso que soporta todo. Y construir espacios de paz, espacios pequeños que sumados van a generar la gran ciudad del amor. Quizás un lista de aquellas personas con las que tengo que disculparme, o aquellas quienes debo perdonar, me darían un lindo tono para comenzar a preparar el corazón para el nacimiento de Jesús. Jesús Niño es esperanza y reconciliación.

Y Año Nuevo es la fiesta de la esperanza, entre las 23.59 y las 0.00 horas apenas hay un segundo de tiempo, y la vida continua igual a pesar del segundo que anuncia el fin del año vigente y el nacimiento de uno nuevo. Pero las expectativas que se mueven en nuestra mente y nuestro corazón son el motor de la esperanza. Soltamos lágrimas, manifestamos con gestos y palabras profundos deseos de felicidad. Sería propicio comenzar un año en paz, con un sentido más profundo de responsabilidad y cargado de sueños y proyectos. Quien no sueña a lo grande no construye a lo grande, quien no se esfuerza por conseguir sus sueños se despierta en la frustración. Comenzar un Año Nuevo es un gran desafío y la Vida es don y es tarea. La fe no es magia, la magia es ilusión. La fe implica compromiso, tarea, espíritu solidario. Soñar, Creer, Construir. El motor es la fe y el combustible es el amor.

Navidad y Año Nuevo deben ser fiestas de paz y de amor, de sueños y esperanzas, de reconciliación y perdón. Fiestas de la misericordia. Dios no se cansa de perdonar y amar. Nosotros tampoco.

Ya llega el Niño Dios.
Para recibirlo no tenemos que permitir que…
El mucho hacer nos agote…
Las apariencias nos oculten el verdadero rostro de las personas...
Lo que tenemos nos impida demostrar los sentimientos…
Lo que hacen los demás se convierta en nuestra regla de vida…
Las rabias, el odio y el cinismo ahoguen los sentimientos de nuestro corazón...
La lucha diaria mate nuestros sueños y anhelos...
El egoísmo nos domine y nos gobierne…
El dolor nos quite la serenidad…
Los chismes nos corrompan el corazón y dominen nuestra lengua…
La desesperación nos ahogue el alma…






martes, 22 de diciembre de 2015

La metáfora de la leche hervida. Sobre inflación, dólar, tasas de interés y otras yerbas.







Lic. Félix González Bonorino
Sociólogo



¿Se acuerdan cuando al principio del gobierno de los K el país crecía fuertemente? Bueno, ese es el origen de la inflación.

“¡¡Eeeeh!! Para la mano, no seas tan anti K”. Responde la platea, mitad satisfecha y mitad incrédula de oírme afirmar lo afirmado.

Pero es verdad. Y si tienen un poco de paciencia podemos explicarlo y aclarar que ese puede ser el origen sin ser la causa.

Corría 2003 cuando con poco más del 22% de los votos Néstor K se hace con el poder presidencial. Se trepa al sillón de Rivadavia, blande el bastón de cualquier manera y allí fue a chocarse con los fotógrafos y con la realidad.

Y logró torcer una historia de muchos decenios de estancamiento. No me voy a enredar en los planteos políticos vinculados a los DDHH porque sería irse por el tronco de lo que quiero explicar. Me voy a referir solo a las ramas económicas de una política.

La economía funciona con plata. El dinero es el reflejo de la actividad económica, su cuantificación, una cuchara de madera $20 para el wichi en el chaco y $200 para la Sra de Recoleta. La misma cuchara puede valer diferente porque la actividad económica de esa cuchara es distinta en la casa wichi, donde revuelve el magro guiso, que en la casa de la Sra. donde adorna una mesita con recuerdos de lugares exóticos, junto a un cenicero de mano de gorila, por ejemplo.

Cuando la actividad económica comenzó a crecer, se hizo necesario aumentar el número de billetes que representaban esa actividad. Esto no quiere decir que toda la actividad económica está reflejada en un billete (acá uso el término billete como comodín, en realidad me refiero al conjunto de circulante más depósitos etc. M1 + M2), gracias a la magia de la circulación económica el valor económico de lo producido en un país es inferior a la cantidad de billetes, pero queda claro que si yo produzco y vendo 10 pancitos, mis clientes van a necesitar más billetes para comprar digamos 1000 pancitos en el mismo plazo. No se trata de un solo sector económico. En la Argentina creció, con sus altas y bajas, el campo, la construcción, la metalmecánica, etc.

El sistema se desarrolla consumiendo esa cantidad de billetes todos los días. Una parte estable de los billetes se vuelcan a la producción y otra se atesora de diferentes maneras. Como modelo Néstor K propuso el del desarrollo del mercado interno que impulsaba el consumo doméstico generando puestos de trabajo. Creo que esa parte ya la entendimos. 100 cadenas nos repitieron lo mismo.

El problema es como el de la leche en el fuego. Si alguna vez Ud. puso leche a hervir recordará que apenas se daba vuelta para comerse un pancito con manteca, la leche hervía, rebalsando de la cacerola y ensuciando la cocina quemándose en la hornalla y anunciando los feroces retos de nuestra bien amada madre, algo cansada ya de limpiar nuestras macanas.

Si la leche fuera la economía, a medida que toma temperatura, es decir se acelera, hay una sola manera de impedir que hierva y se vuelque, y esto es revolviendo, es decir agregándole consumo. El problema es complejo, porque el fuego por debajo hace cada vez más amenazante la situación y porque el mercado no solo es interno, sino también externo.

Cuando alguno de los dos mercados se frena, la cuchara que revuelve se frena y la espuma de la leche comienza a volcarse, de una manera controlada en un principio, pero poco a poco, si no logramos reactivar la economía, es decir el revolver de la cuchara, la espuma terminará por rebalsar.

Si la economía se frena, esos billetes que hasta hace un rato circulaban dinamizando la economía comienzan a ser arrastrados fuera del circuito y terminan volcados en el sistema financiero. Es recién cuando la economía se frena que notamos la sobre abundancia de billetes. Y ¿cómo vemos esa abundancia de billetes? Por su relación con su par internacional, el dólar, por ejemplo, pero no solo. Uno de los lugares preferidos de ahorro en el mundo son los inmuebles. Si comienza a abundar efectivo, los valores de los inmuebles se disparan y así tenemos en Salta departamentos que “compiten” en costo con barrios de París o Miami. Y por mucho que me guste, no somos aquellos.

Acá hay una situación explosiva. El sobrante de billetes liberados por un sistema económico que se frena, presiona sobre el precio del dólar. Estos billetes que por años se volcaban a la economía “real” salen del circuito y comienzan, insisto a buscar refugio en el dólar. Al mismo tiempo el estado requiere también de fuertes sumas de dólares para hacer frente a sus compromisos externos. Lo que Néstor K pudo hacer en el contexto de 2007, donde saco 9600 millones de dólares del Central para cancelar al FMI, consumiendo más de la mitad de  las reservas en un plumazo, hoy no se puede hacer, porque la economía está frenada y una parte grande de la población/empresas están compitiendo por el lindo billete verde.

Es cierto que trataron de relanzar el consumo interno para activar la economía, pero le llegó en muy mal momento, porque la economía argentina debía comenzar el ingreso a la nueva fase industrial de “promoción de las exportaciones” (superando la sustitución de importaciones) en un momento en que la economía mundial tiene una capacidad ociosa cercana al 20% en algunos rubros y mantienen una economía con valores de dumping (competencia desleal) para no detener sus fábricas.

La reacción del gobierno fue rara y no la entiendo aun. Para evitar la presión sobre el dólar, el Gobierno mantuvo tasas de interés bancarias superiores a la inflación, ganándole a la misma, con el objetivo de tentar a la población a elegir ese refugio financiero en lugar del dólar que el Gobierno necesitaba tanto. Pero haciendo esto sembró la base de la inflación creciente que nos agobia. Hoy Macri repite la fórmula. Lleva las tasas a cerca de 39%, nos avisa que pronto vamos a recibir 20 mil millones de dólares de varias fuentes y levanta el cepo. Hoy es miércoles 16/12/2015, anuncian el fin del cepo para mañana y estiman que no van a haber traslados a precios porque esta corrección ya se efectuó anticipadamente, el “por si acaso”.

Es decir, si a un empresario le prestan al 40% anual, cuanto tiene que calcular su rentabilidad. ¿Sobre qué actúa el empresario para recuperar ganancia? Si, el precio. Y la economía real sigue frenada.

Una pregunta me queda en el tintero. ¿Cómo va a hacer para aumentar la actividad económica general si reduce en un 40 o 50% la capacidad de compra de los bolsillos de la población a través de la devaluación? Se vienen serios golpes para la economía familiar. Los precios subieron y seguirán subiendo. La deuda con créditos se pone cerca de la usura legalizada (ojo, ya lo estaba con CFK). Se eliminarán los subsidios a los servicios. Se derogan los precios cuidados dejándolos solo para 80 productos, por ahora, en un maquillaje de preocupación por el que usaba el sistema, es decir el humilde. El Banco Central va a recibir fondos “frescos” algún día para pagar a las empresas multinacionales para repatriar sus dividendos, con lo que la deuda en pesos actual se va a transformar en deuda internacional en dólares, euros o yuanes. Las paritarias son un misterio.


Así y todo tenemos una enorme esperanza. El aparato industrial está intacto y las inversiones que se han realizado durante estos años han sido enormes, por más que el PRO diga lo contrario, o que consideremos que podría haber sido mayor, lo que siempre es una consideración especulativa del tipo “si Palacios la hubiera tocado por abajo…”, digo, la leche en la cacerola sigue allí, y apenas podamos calentarla y producir, la economía real se chupará los dólares que hoy se están fugando a la especulación. Sin embargo hay que conservar trabajadores con alto nivel de consumo para mantener la cuchara girando y evitar así que la leche hierva. Si no hacemos esto, la cuchara será un recuerdo en el escaparate de una familia de Recoleta. Cerca de la mano de un gorila.

En plena Pandemia, ¡A reformar la Constitución se ha dicho!

Lic. Félix González Bonorino Sociólogo Nos llega la noticia de que el Gobierno Provincial ha pesentado su propuesta de modificac...